Lunes, 27 Julio 2020 08:00

Alimentos. La UTT lanzó su programa de certificación de buenas prácticas agroecológicas

En la producción agroecológica de alimentos, la confianza entre el productor y el consumidor es un valor que se construye a diario. Sin empresas certificadoras de por medio, las propias organizaciones que promueven esta práctica agronómica que prescinde del uso de agroquímicos acentúan las fiscalizaciones puertas adentro, para que el trabajo resulte sustentable desde el punto de vista ecológico, social y económico. En esa tarea está la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), que recientemente lanzó un programa de certificación de buenas prácticas agroecológicas para auditar que los productores y las productoras que optan por este sistema agrícola lo hagan a conciencia y respetando todos los parámetros necesarios para que los alimentos que producen puedan ser ofrecidos en los Almacenes de Ramos Generales de la organización.

El primer paso en el desarrollo de este programa fue la consolidación del Consultorio Técnico Popular (Cotepo), con referentes técnicos de la UTT capacitados para orientar y para controlar las acciones de los productores. Luego, en forma conjunta con el INTA, el Senasa y la Secretaría de Agricultura Familiar, se diseñaron los protocolos para determinar las condiciones necesarias para el otorgamiento de la certificación agroecológica.

"Cuando comenzamos a producir en forma ecológica, hace ya entre 5 y 6 años, la palabra era todo lo que teníamos para ofrecerle al consumidor en cuanto al no uso de agroquímicos. Pero hoy, que el interés por sumar hectáreas a la producción agroecológica crece y que la UTT cuenta con alrededor de 300 hectáreas bajo este sistema, damos un paso más hacia adelante con la certificación de buenas prácticas agroecológicas", contó a LA NACION Delina Puma, referente del Cotepo de la UTT.

Explicó que para los pequeños productores que integran la organización resulta imposible acceder a una certificación orgánica por las múltiples exigencias que las firmas certificadoras demandan y por el hecho central de que más del 90% de los agricultores de la organización alquilan las tierras en las que trabajan. Añadió que en la elaboración de las planillas y de los protocolos para obtener la certificación agroecológica se dio un trabajo muy participativo entre el Cotepo, los organismos que acompañaron la iniciativa con su experiencia y los productores.

"Lo interesante del programa que generó la UTT es la conformación de un espacio de referentes técnicos campesinos, el Cotepo, que dialoga con los técnicos de las diferentes instituciones que acompañan los procesos de transición agroecológica. De esta forma se genera un intercambio de saberes y se logra una construcción compartida de prácticas agroecológicas, desde el conocimiento científico, pero, también, desde el saber hacer del productor", dijo a LA NACION Marcelo Belloni, investigador del INTA especializado en agroecología del Centro de Investigación para la Agricultura Familiar y nexo entre el organismo y la UTT para el diseño de la certificación de buenas prácticas agroecológicas.

El especialista añadió que desde el INTA el asesoramiento se orienta tanto sobre los principios y prácticas de la agroecología, como en aspectos socio organizativos que incluyen estos sistemas de certificación. "Por ejemplo, sumar a la documentación un manual o protocolo descriptivo de las prácticas agroecológicas a evaluar. En esos temas y procesos viene acompañando el INTA junto a otras Instituciones. Aportamos los principios o presupuestos mínimos que debería cumplir un sistema participativo de garantías (SPG). También acompañamos los procesos que se van generando, para poder sistematizarlos, reunirlos, analizarlos, circularlos, de modo que contribuyan a una construcción conjunta y al reconocimiento de estos sistemas de garantías dentro de los marcos normativos vigentes", explicó.

Puma detalló que el programa de certificación generado por la UTT no se enfoca solo en el área productiva, sino que también incluye la calidad de vida de las familias, que en general, en los cinturones hortícolas son muy precarias, y la etapa de la comercialización.

"En lo técnico, la planilla de evaluación de los productores comprende una serie de tareas que incluyen la gestión de la tierra; conservación y manejo del agua; control de malezas, insectos y enfermedades; barreras y zonas de amortiguamiento si los campos vecinos trabajan con agroquímicos; biodiversidad en el campo; manejo higiénico de los alimentos, y cuidado de las semillas y de los plantines, entre otras. En lo social, relevamos en qué condiciones viven los productores; cómo están las viviendas; los accesos a los campos; si cuentan con hospitales en las proximidades de las viviendas, y si los niños están escolarizados. Y, por último, en lo comercial, le proponemos al productor que sea parte de la toma de decisiones en cuanto a la fijación de valor para la producción, siempre en sintonía con los principios del comercio justo", detalló.

Y en el camino para obtener la certificación agroecológica, el primer paso que debe dar el productor es recibir la capacitación que da el Cotepo, donde se le enseña cómo recuperar el suelo; la elaboración y el uso de bioinsumos y fertilizantes, y el diseño de parcelas, entre otras técnicas. "Una vez que el productor empieza a producir tiene el acompañamiento de técnicos de la organización que con sus visitas periódicas son los responsables del seguimiento del trabajo y los que le harán las recomendaciones necesarias para encaminar la producción. Después, una vez que el técnico considere que el campo está listo para ser certificado, otro grupo de técnicos que no hayan tenido relación con el desarrollo del campo a certificar hace una revisión del trabajo hecho y se completa el formulario de inspección para la certificación. Si el campo cumple con todos los requisitos del formulario, en cuanto a producción, a condiciones de vida de la familia y a las metas comerciales, se firma un contrato de producción, un contrato social y un contrato comercial con el productor. Recién entonces, se otorga el certificado de buenas prácticas agroecológicas", explicó Puma.

Para Belloni, la posibilidad de implementar un sistema de certificación de este tipo "le brinda al consumidor garantías sobre la forma en que fueron producidos los alimentos que él adquiere. Es un sistema de garantías que requiere la participación y el compromiso de los mismos consumidores. Y su mayor fortaleza es que cualquiera de las partes involucradas en la cadena de valor puede participar de las visitas a las fincas de los productores agroecológicos y ser parte de esta forma de garantizar la calidad de los alimentos que consumimos cada día".

De las 300 hectáreas que la UTT trabaja en forma agroecológica, unas 200 corresponden a Buenos Aires y gran parte de ellas están ubicadas en la zona del cinturón hortícola de La Plata y en la Colonia Agroecológica de Luján. El resto se distribuye en las provincias de Jujuy, Salta, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba, de Tucumán. La lógica que persigue la organización es establecer colonias de productores agroecológicos en la mayor cantidad de puntos del país posible, de manera de abastecer de alimentos en forma local y directa, para evitar los largos fletes que encarecen el valor de los alimentos.

"En todas las provincias en las que la UTT tiene presencia se siguen creciendo. Hay mucho potencial para producir y para sumar más colonias agroecológicas. En el nivel nacional contamos con más de 90 técnicos capacitados que siguen capacitando a más productores y productoras. El método campesino a campesino ha logrado que nosotros podamos fomentar, difundir y sumar más hectáreas agroecológicas en muy corto tiempo", contó Puma.

"Para el INTA es importantísimo que existan este tipo de iniciativas impulsadas desde los mismos productores y desde las organizaciones de agricultores familiares, campesinos e indígenas. Creemos que esto debe formar parte de la agenda pública y, en tal sentido, nos parece muy relevante el proceso que lleva adelante la UTT, al cual nos invitaron a participar como asesores", destacó Belloni y aseguró que el protocolo desarrollado por la UTT para garantizar las buenas prácticas agroecológicas "es más exigente en cuanto a los puntos a observar y a analizar que los protocolos usados actualmente para la certificación orgánica".

Doble beneficio

"La certificación de buenas prácticas agroecológicas tiene un impacto muy fuerte en toda la estructura de trabajo de la organización. Hacia afuera, en la etapa comercial, porque ahora los clientes y las clientas que compran en nuestros Almacenes o que llevan los bolsones de verdura a través de los nodos barriales podrán tener un documento técnico, más allá de nuestras palabras, que les garantizará que los alimentos que van a consumir fueron producidos de manera agroecológica. Y hacia adentro, porque nos posibilita empezar a profesionalizar este proceso popular que viene superando etapas y que deseamos cimiente bases firmes para el desarrollo real de la agroecología en los próximos años en la Argentina", aseguró Juan Pablo Della Villa, responsable del área de Comercialización de la UTT.

Agregó que es imposible pensar en sostener una demanda de alimentos sanos si no hay planificación productiva. "En función de esa necesaria planificación productiva, la certificación también nos permite pasar en limpio la cantidad de campos que están transitando la agroecología, saber qué están produciendo y dónde, y en función de ese relevamiento reorganizar el territorio para cubrir una demanda que cada vez es más grande. Estamos en un tiempo en el que mucha gente se está volcando hacia el consumo de alimentos sanos, soberanos y más nutritivos, pero tenemos muy claro que si no logramos organizar, capturar y darle respuesta a esa demanda desde las organizaciones de la agricultura familia, campesina e indígena, muy probablemente el capitalismo la convierta en una nueva 'ola verde' de firmas orgánicas privadas y en un desarrollo del mercado y del marketing. Eso sería un fracaso para este proceso de transformación real del modelo productivo argentino que proponemos, con acciones, desde la UTT", destacó en forma concluyente Della Villa.

Conocedora del potencial del sector de la agricultura familiar, Puma contó que el trabajo de capacitación y de acompañamiento hoy se hace con escasos recursos y sorteando dificultades para no abandonar a ningún productor que quiere hacer la transición hacia la agroecología. "Necesitamos políticas públicas de fomento hacia la agroecología como sistema de producción de alimentos y financiamiento para poder producir a mayor escala, para la construcción de biofábricas; para la producción de semillas y de plantines; para tener centros de capacitación, y para trabajar en adaptar tecnologías a este tipo de producción. Nuestro objetivo es claro: crecer en escala. Y ya hay varias experiencias de compañeros que producen sobre más de 20 o 30 hectáreas. El ideal es llegar a que toda la producción sea agroecológica: la hortícola, la frutícola, la cría de animales y la producción de cereales. Para eso necesitamos tener los materiales para avanzar y para llegar hasta el último rincón del país", reclamó la productora.

Más información sobre los Almacenes de Ramos Generales de la UTT en www.almacenutt.com.ar

La Nación - Dante Rofi