Lunes, 20 Julio 2020 02:27

La producción argentina de cerdos busca optimizar la joven racionalidad de sus granjas

Qué hacer con la producción porcina tras la pandemia y cómo optimizar la rentabilidad en la etapa de engorde fueron algunos de los temas tratados en el primer módulo de las Jornadas Todo Cerdos 2020 que, organizadas por el grupo Todo Agro y la Universidad Nacional de Villa María (Córdoba), se desarrolló el pasado miércoles 16. Abrió las exposiciones el MV Jorge Brunori del INTA Marcos Juárez (Córdoba), uno de los referentes más reconocidos de la actividad en la Argentina. Destacó que el “el sector porcino argentino no deja de crecer desde el año 2000, pasando de 150.000 toneladas de carne producida, en 2005, a 629.000 toneladas, en 2019, con crecimiento promedio de más del 10% anual en producción y faena”, agregando que “la producción porcina racional argentina es muy joven”.

Recordó que la actividad se basa en el consumo interno de cada país, dado que de 110 millones de toneladas se producen en el mundo, solo 9 millones se comercian entre exportadores e importadores. Y agregó que “si el cerdo es más caro que el novillo, pierde competitividad y cae su consumo. Debe haber mucho equilibrio entre el precio del capón, que debe estar 15 o 20% por debajo del precio del novillo”, precisó.

Sobre el comercio exterior porcino, Brunori señaló que la pandemia trajo dos noticias positivas para el país. Por una parte, las importaciones bajaron de 14.500 a 7.400 toneladas, entre enero a mayo de 2020, respecto de igual lapso de 2019, y su participación respecto del consumo interno también mermó del 5 al 4%, comparando ambos períodos.

Por otra parte, las exportaciones siguieron creciendo. En el período enero-junio el incremento fue de casi 62 por ciento, pasando de 11.500 toneladas, en 2019, a 18.600 toneladas en 2020. De ese volumen, más de 50% fue a China. En este sentido, Brunori dijo que “hay que contextualizar la incidencia de lo que exportamos, porque tan solo representan el 4% de lo que producimos y no incide en el precio interno del capón. Es un mercado en desarrollo de mediano y largo plazo”, puntualizó.

Destacó que por primera vez en la historia se revirtió el saldo negativo -en volumen- de la balanza comercial porcina argentina. Según datos del Minagri, a mayo de 2020, el país importó 8.700 toneladas y exportó 13.300 toneladas de carne de cerdo. Pero en valor, el país importó por 26 millones de dólares y exportó por 19 millones de dólares, lo que significa que, en promedio, importa a 3.000 dólares y exporta a casi 1.500 dólares.

Sobre la post-pandemia, Brunori se mostró optimista, aunque recalcó que debe ajustarse la eficiencia de muchas granjas para mejorar su competitividad, proponiendo el asociativismo como una herramienta adecuada para las pequeñas y medianas.

Al respecto, mencionó que “el mercado tendrá mayores requisitos de seguridad alimentaria, lo que nos pone ante un escenario futuro incierto que será exigente y demandante. En la post pandemia el sector porcino debe ser una cadena eficiente, consolidada y equitativa que genere desarrollo rural”, concluyó.

Engorde con rentabilidad

Si de eficiencia se trata, la nutrición es uno de los puntos clave en la granja porcina.

Al respecto el MV David Fernandes Gavioli, consultor técnico regional de la empresa Provimi, para Argentina, Uruguay y Chile, desde San Pablo, Brasil, enfatizó que “a la nutrición hay que acompañarla con la evolución y que los costos del ciclo 3 (etapa de engorde) son los mayores de una granja, dependiendo del tiempo de estadía de los animales, del consumo de la ración y de cómo se la suministra”.

En esta etapa, más del 60 por ciento de la inversión se da en la nutrición, ya que su objetivo es que los cerdos desarrollen gran capacidad de crecimiento, mejor eficiencia de transformación de alimento en carne y el nivel de grasa adecuado.

El especialista remarcó que, en esa etapa, el 80% del alimento se basa en maíz y el resto en harina de soja, y que tanto el manejo en la planta procesadora, como la calidad de la materia prima con que se lo elabora son claves en la preparación de la ración.

También citó la necesidad de disminuir los desperdicios, lo que deberá garantizarse con comederos que les permitan a los cerdos, sin competir entre ellos, acceder fácilmente al alimento. En este sentido precisó que los alimentos pelletizados generan menores desperdicios que los harinados.

“La molienda debe observar buenas prácticas de fabricación para lograr un producto de calidad, que debe almacenarse en condiciones que eviten la formación micotoxinas y el acceso de roedores”, sostuvo.

Explicó que la uniformidad de la ración invita a comer a los animales. Lograrla depende de la eficiencia de las plantas de fabricación de alimentos balanceados, que no siempre está de acuerdo con la exigencia de una buena la alimentación.

Fernandes Gavioli señaló que “una dieta con aminoácidos, sin soja y con más maíz puede aportar más energía. Los animales no requieren proteínas pero sí aminoácidos. La proteína mínima más los aminoácidos sintéticos dan una producción más sustentable para la fase de crecimiento. Y aditivos como la fitasa libera minerales como el fósforo, muy bien utilizado por los animales para la conversión alimenticia”, señaló.

Clarín – Gastón Guido