Miércoles, 03 Junio 2020 02:25

Ivermectina contra el coronavirus: qué avances hubo en la investigación

Con el mundo paralizado por la pandemia de coronavirus, los estudios que se están realizando para conseguir una vacuna segura y avances significativos en los tratamientos se siguen de cerca. En marzo, la noticia de que un grupo de científicos australianos había logrado bloquear con ivermectina la reproducción del virus en condiciones de laboratorio generó mucho interés.

Es un molécula que conoce muy bien Esteban Turic. Es el CEO de Biogénesis Bagó pero antes fue un investigador de la Universidad Nacional de La Plata, con un doctorado en farmacología veterinaria y un posgrado en microbiología veterinaria. En el ciclo de conversaciones online de Expoagro, Turic contó en qué estado están las investigaciones que se están realizando para determinar si este antiparasitario -que ya demostró ser eficaz para frenar la reproducción de algunos virus- puede ser una herramienta para tratar el comienzo de una infección con covid-19.

“La ivermectina es lo que definimos como una molécula blockbuster. Se descubrió en 1978 y revolucionó el mercado veterinario. Con dosis muy bajas permitió controlar sarna, garrapatas y los parásitos internos”, recordó Turic, que habló en el ciclo de conversaciones online de Expoagro que se transmite por Instagram.

Antes de la ivermectina, los productores tenían que hacer baños de inmersión para controlar la sarna en los animales lo que provocaba muchos problemas en los climas más fríos. Había animales que morían, porque llegaban muy debilitados, y también abortos espontáneos. Con esta nueva molécula, el problema de los parásitos se simplificó a sólo dos aplicaciones en la manga.

“A sólo dos años de haberla lanzado al mercado veterinario, donde fue el producto más vendido durante 20 años, también se la empezó a probar para tratar enfermedades en seres humanos como la fiebre de los ríos en África con buenos resultados”, destacó el experto.

Turic explicó que es la misma molécula que la veterinaria pero con una “farmacopea” diferente porque no es igual un fármaco para seres humanos que para animales. “Se aplicaron millones de dosis en las personas, así que se conoce su seguridad”, aseguró.

En el 2006 también se descubrió que la ivermectina tenía un efecto sobre algunas enfermedades virales. Se la probó en dengue, malaria, VIH y fiebre chikunguña -entre otras enfermedades- y en algunas tuvo buenos resultados y en otras no.

Cuando aparece el coronavirus -contó Turic-, un grupo de investigadores de Australia hizo una prueba con ivermectina en condiciones in vitro y descubrió que era capaz de bloquear la reproducción del virus dentro de las células. “Es importante pero hace falta demostrar que ese efecto se puede reproducir en una persona de carne y hueso”, advirtió.

En el laboratorio, el SARS-CoV2 -el coronavirus- está en contacto directo con la célula, lo mismo que la ivermectina. En una persona real, la molécula primero entra en contacto con la sangre, después con los tejidos y luego con la célula.

Como contó Clarín a principios de mayo, la Anmat autorizó un ensayo clínico con ivermectina en la Argentina (participan expertos del Conicet, de universidades, médicos y expertos de laboratorios) y también se están realizando en otros países. “Hay que ser prudentes y esperar, a veces lo que funciona en un laboratorio falla en condiciones en vivo”, insistió Turic.

En el caso de que la molécula funcione con el covid, podría ser una herramienta para tratar a las personas recién infectadas porque lo que hace es bloquear la reproducción del virus. Si el virus avanzó y si multiplicó, el bloqueo llega tarde.

“Si el ensayo funciona, quizás no sólo es una alternativa de tratamiento al comienzo de la infección y se puede pensar como una barrera química contra el virus para el personal de salud, que está más expuesto. Pero por ahora es sólo una idea y hasta que avancen los ensayos clínicos hay que ser prudentes”, recomendó.

Es una aclaración importante porque en los últimos meses se viralizaron usos disparatados de la ivermectina. “No hay que cometer locuras ni automedicarse. Hay que esperar que avancen las investigaciones”, concluyó Turic.

Clarín – Gastón Neffen