Aunque no hay por el momento una cifra definitiva sobre su nivel de actividad, fuentes cercanas a la compañía estiman que la facturación anual estaría actualmente en torno de los US$20 millones. Antes de ingresar al concurso, según las mismas fuentes, Surcos se encontraba en niveles de entre US$110 millones y US$120 millones anuales.
El achicamiento también alcanzó a su oferta comercial. La empresa redujo la cantidad de productos que comercializa y concentró la operación en aquellos que tienen mayor salida. Surcos vende principalmente fitosanitarios, entre ellos herbicidas, fungicidas e insecticidas. Antes de la crisis tenía una cartera más amplia, pero durante el proceso de reordenamiento decidió quedarse con las líneas de mayor demanda.
“De toda la línea que tenía, la achicó a menos productos, básicamente a los productos que más se venden, y se redujo la paleta de productos para hacer la operación más rentable”, explicaron las fuentes.
Entre los productos que, según indicaron, mantienen una buena salida comercial se encuentran Dédalo Elite, un herbicida formulado con 2,4-D, y Gramini Elite, destinado al control de gramíneas. Para las fuentes consultadas, uno de los puntos que le permitió a Surcos sostener la actividad fue conservar la relación comercial con los productores y la demanda de sus principales productos. Según las fuentes consultadas, la demanda de esos productos le permite a la compañía mantener el negocio en marcha, aunque hoy trabaja a una escala menor. “No es que tiene un problema de un producto que no se vende. El problema que hoy está atravesando es que tiene menos capital de trabajo para mover y para producir”, explicaron.
Otro de los aspectos que destacan las fuentes cercanas a la compañía es la tecnología de formulación propia que mantiene Surcos. Según explicaron, permite utilizar una menor cantidad de principio activo y mantener la misma eficiencia de control. Esto se logra mediante partículas de menor tamaño, que tienen una mayor superficie de contacto. Usa nanotecnología.
En ese contexto, dentro de la empresa existe expectativa de poder alcanzar un acuerdo con los acreedores y continuar con la operación una vez superada esta etapa del concurso. “Dentro de la empresa existe esa expectativa de que se pueda terminar arreglando”, señalaron las fuentes. Y explicaron la lógica detrás de esa confianza: “A nadie le conviene que el negocio termine, porque si no, nadie cobra”.
La crisis de Surcos comenzó a hacerse visible a fines de 2024. El 3 de febrero de 2025 la compañía se presentó en concurso preventivo, luego de haber entrado en default y atravesar dificultades financieras que afectaron su funcionamiento. En ese momento había trascendido un pasivo cercano a los US$73 millones.
La Nación – Pilar Vazquez