Para Zubeldía, el problema de fondo es que las fábricas argentinas deben afrontar una estructura de costos que las deja en desventaja frente a otros países. “La carga impositiva de un fabricante argentino está en el doble que la de un fabricante brasilero y un poquito más del doble que un fabricante mexicano”, sostuvo. Y remarcó que, pese a eso, las empresas argentinas todavía logran competir en precio, aunque con una rentabilidad cada vez menor.
Entre los principales reclamos de Cafma aparecen los saldos de IVA técnico, Ingresos Brutos y la acumulación de tasas e impuestos a lo largo de la cadena de proveedores. “Nosotros tenemos acumulación de saldos técnicos multimillonarios”, afirmó.
El dato que utilizó para dimensionar el problema es particularmente fuerte. “Hoy tenemos empresas que tienen tres meses de sueldos brutos y cargas sociales en saldo IVA técnico. Si nosotros los ponemos a valor actual, estamos arriba de dos años y medio”, explicó. Es decir, por efecto de la pérdida de valor del dinero, esos créditos fiscales acumulados representan actualmente más de dos años y medio de salarios y cargas sociales.
El problema se profundiza con la especialización productiva. Cuando las empresas tercerizan procesos y construyen redes de proveedores, según Zubeldía, en cada eslabón se acumulan Ingresos Brutos, IVA técnico y tasas municipales. “Lo que optimizás por un lado, por el otro lo estás perdiendo por impuestos”, cuestionó.
Por eso, las fábricas empiezan incluso a reincorporar procesos que antes tercerizaban para evitar esa acumulación tributaria. “Es una locura que nosotros tengamos que analizar productivamente una empresa en función de lo que pasa a nivel impositivo”, sostuvo.
Cafma viene planteando el problema ante los poderes Ejecutivo y Legislativo. “El saldo técnico es plata de las empresas”, dijo Zubeldía, quien reclamó una reforma de la ley de IVA y una reforma tributaria que permita compensar distintos impuestos.
Mientras tanto, el sector intenta sostener el empleo y la capacidad industrial en un contexto de menor rentabilidad. “El productor, si gana poca plata, no deja de comprar la semilla para la próxima siembra; lo que empieza a frenar es inversión”, graficó. Según Zubeldía, algo similar está ocurriendo en las fábricas: se pagan los gastos corrientes, pero se posterga la inversión. El temor es que esa postergación termine afectando una capacidad industrial que llevó décadas construir.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti