En maní se proyectan 234.300 hectáreas, una caída de 8%; en girasol, 330.600 hectáreas, 4% menos, y en sorgo, 157.600 hectáreas, también con una disminución de 4%.
La distribución de la superficie tiene su correlato directo en el volumen de inversión. El maíz seguirá siendo el cultivo que más capital demandará: los productores deberán destinar U$S 1.915 millones, 6% más que los U$S 1.808 millones del ciclo anterior.
La soja se ubica en segundo lugar, pero con un incremento de inversión todavía mayor.
Para la campaña 2026/27 se proyecta un desembolso de U$S 1.501 millones, 14% superior al registrado en el ciclo pasado. Entre ambos cultivos concentrarán alrededor del 91% de los recursos destinados a los cinco principales granos gruesos.
El resto de los cultivos tendrá una participación considerablemente menor en el gasto total.
Para el maní se estiman U$S 152 millones, 3,18% menos que los U$S 157 millones de la campaña anterior.
En girasol se invertirían U$S 146,78 millones, 9,5% más que los U$S 134 millones del ciclo 2025/2026. El sorgo demandaría U$S 54 millones, con un aumento de 6% respecto de los U$S 51 millones anteriores.
Mayor Inversión casi para igual superficie
La particularidad es que el aumento del gasto no está asociado a una expansión generalizada de la superficie. Por el contrario, en varios cultivos la decisión es sembrar menos. El mayor desembolso responde al aumento de los costos directos y a una reasignación de hectáreas hacia la soja.
En las decisiones productivas, el precio y la rentabilidad esperada aparecen como los principales factores para definir la superficie de todos los cultivos analizados, con especial incidencia en maní y girasol.
La rotación adquiere mayor peso en soja y sorgo, mientras que el pronóstico climático resulta especialmente relevante para maíz y girasol.
A la ecuación económica se suma un factor sanitario que vuelve a condicionar al cultivo de mayor inversión. La posible presencia de Dalbulus maidis, la chicharrita que transmite el complejo del achaparramiento del maíz aparece nuevamente entre las principales preocupaciones de los productores, sobre todo en departamentos del centro-norte y este de Córdoba.
En esas regiones, la incertidumbre afecta especialmente a las siembras tardías de maíz. Parte de los productores analiza trasladar superficie hacia soja, sorgo o girasol. En el sur y sudeste provincial, en cambio, la incidencia de esta problemática sobre las decisiones aparece como prácticamente nula.
El clima ofrece, al mismo tiempo, un escenario inicialmente favorable. Las precipitaciones registradas durante julio y agosto fueron superiores al promedio histórico en toda la provincia y permitieron mejorar la recarga de los perfiles.
Para septiembre-noviembre, el Servicio Meteorológico Nacional prevé una mayor probabilidad de lluvias superiores a lo normal en buena parte de Córdoba, junto con temperaturas medias inferiores a las habituales.
La disponibilidad de agua será, de esta manera, otro factor clave para transformar la intención de siembra en resultados productivos. La distribución temporal y regional de las lluvias será determinante.
Por su magnitud, los U$S 3.768 millones previstos para la campaña permiten dimensionar el peso económico de la agricultura cordobesa. Equivalen, tomando como referencia los valores utilizados para la comparación, a casi 50.000 departamentos de un dormitorio en la ciudad de Córdoba, unas 115.000 camionetas Toyota Hilux 0 km o alrededor de 1.900 kilómetros de autovía.
La Voz del Interior – Alejandro Rollán