Los dirigentes coincidieron en que la agenda del sector excede a los derechos de exportación y que, para ganar competitividad y aumentar la producción, será necesario avanzar simultáneamente sobre otras cuestiones estructurales.
Pino señaló que el campo no dejará de reclamar por las retenciones mientras el impuesto continúe vigente, pero sostuvo que actualmente también existe una oportunidad para discutir otros problemas. Entre ellos destacó la infraestructura y el acceso al financiamiento. “Una de las formas de lograr competitividad es bajando el costo, bajando el famoso costo argentino, y la infraestructura juega un rol fundamental”, afirmó. Agregó: “Con lo propio se puede crecer [...] pero con un crédito lógico vamos a crecer más rápido”.
Según el presidente de la SRA, el sector necesita invertir para responder a una demanda mundial creciente. En ese sentido, consideró que, aunque las empresas pueden expandirse utilizando recursos propios, el acceso a un crédito en condiciones razonables permitiría acelerar ese crecimiento.
Al profundizar sobre las obras de infraestructura que considera prioritarias, Pino señaló que las necesidades cambian según cada región del país. Para la región pampeana mencionó especialmente la situación de la cuenca del río Salado y reclamó que las obras pendientes puedan finalizarse, sin que continúe la discusión sobre las responsabilidades entre Nación y provincias.
En la Patagonia, en tanto, destacó la necesidad de realizar obras de riego que permitan aprovechar el agua disponible para incorporar o potenciar tierras productivas. Para el norte argentino puso el foco en corredores viales y ferroviarios que permitan mejorar la conexión entre el Atlántico y el Pacífico. Según planteó, esas inversiones podrían beneficiar tanto al agro como al desarrollo de la minería.
Otro de los temas abordados fue la necesidad de avanzar en una actualización de la legislación de semillas, una discusión que, según Sarnari, lleva más de dos décadas en la Argentina. La presidenta de FAA consideró que los cambios tecnológicos y el avance de la biotecnología obligan a revisar el marco actual, pero reclamó que la discusión se realice con una mirada integral de toda la cadena.
“Tenemos que ser aliados y buscar los equilibrios justos”, señaló. Para Sarnari, una nueva regulación debería reconocer el trabajo y la inversión de científicos, biotecnólogos y empresas semilleras, pero también contemplar el rol y los riesgos asumidos por el productor agropecuario.
La dirigente planteó que los agricultores necesitan acceder a nuevas tecnologías para aumentar su producción, pero, al mismo tiempo, reconoció que la industria debe contar con recursos que permitan sostener la investigación y el desarrollo de nuevas variedades. El desafío, señaló, es encontrar un sistema en el que “todos tengamos el reconocimiento de nuestro trabajo, de nuestra labor y de los recursos que ponemos”.
Castagnani puso el foco en otra de las preocupaciones que, según afirmó, aparece de manera recurrente durante las recorridas de CRA por distintas provincias: la inseguridad y los hechos de vandalismo rural.
El presidente de CRA destacó el avance de una iniciativa para incorporar específicamente esta problemática al Código Penal y sostuvo que el reclamo va más allá de las pérdidas económicas. “Acá, más allá de la propiedad privada o de los bienes materiales, está la vida del ser humano”, expresó.
Según Castagnani, desde la entidad observan que los delitos rurales presentan cada vez más situaciones de violencia y reclamó que quienes viven y trabajan en el campo tengan las mismas garantías de seguridad que quienes residen en los centros urbanos. También sostuvo que la problemática afecta el arraigo rural y pidió una respuesta más rápida de la Justicia. “A veces, la demora en actuar es tan injusta como el vandalismo”, afirmó.
Magnano, en tanto, trazó un panorama dispar sobre la situación productiva. Señaló que, aunque las perspectivas generales muestran buenos volúmenes de producción, existen zonas con problemas climáticos y productores que podrían atravesar dificultades durante la campaña.
“Si vemos los pronósticos del clima de hoy, podríamos decir que el panorama es relativamente bueno, aunque es heterogéneo. Hay lugares que no la están pasando bien con el clima, pero este año se avizora cierta preocupación en algunas zonas. Las estimaciones indican que vamos a tener buenos volúmenes, pero seguramente habrá productores con muchos problemas. En las economías regionales, la yerba y la uva están entre las actividades más complicadas. Allí confluyen muchas variables, también climáticas, que a lo largo del tiempo no ayudaron a lograr un bienestar. Hubo sobreproducción y, después, un cambio en la macroeconomía que afectó especialmente a la cadena de suministro, al tratamiento y a la manera de hacer los negocios”, dijo Magnano.
La Nación – Belkis Martínez