“Está todo bajo el agua. Es imposible volver a tener los animales ahí y la situación sigue bastante complicada”, contó el productor en diálogo con LA NACION. Según estimó, en este momento el establecimiento tiene alrededor de un metro de agua.
La familia ya atravesó otras inundaciones y en más de una oportunidad tuvo que mover la hacienda. Sin embargo, Oehrli aseguró que hacía unos seis años que no vivían una situación de esta magnitud. El primer destino fue un campo alquilado. Pero esa solución duró poco. A medida que más productores salieron a buscar lugares donde llevar sus animales, los campos disponibles comenzaron a escasear y el precio del pastaje aumentó. “Todos saben la situación en la que estamos. Hay que salir a pagar y te cobran una fortuna. Los números no dan”, explicó.
Así, después de sacar los animales de la zona de la laguna La Loca, la familia tuvo que moverlos por segunda vez. Ahora se encuentran en una zona de islas de Villa Ocampo y deben trasladarse hasta allí para atenderlos. “Por el momento estamos bien, pero no sabemos qué va a pasar con El Niño”, señaló Oehrli. Si el agua también avanza sobre las islas, la familia podría verse obligada a buscar otro destino.
En el paraje El Palmar, distrito La Garita, Lorena Giauque enfrenta otra cara del mismo problema. Es productora ganadera, integra la comisión directiva de la Sociedad Rural de Vera y vive junto con su familia en esa zona. Desde abril tienen cortado el camino que los comunica con la ruta nacional 98. Todo comenzó después de una lluvia mucho mayor que la esperada. “El pronóstico daba 40 milímetros y llovieron 200. De un día para el otro se vino el agua”, recordó.
Desde entonces, para llegar a Vera debían dar una extensa vuelta por la ruta provincial 13, hacia La Cigüeña. Sin embargo, ese camino también se encuentra en mal estado y cada nueva lluvia puede volverlo intransitable. Después de los últimos 30 milímetros, la familia quedó otra vez sin salida. “Estamos aislados desde abril. Ahora llovió y ya quedamos aislados totalmente. No hay salida por ningún lado”, contó.
Cinco kilómetros más adentro se encuentra la laguna El Palmar. En los campos de ese sector, según relató Giauque, el agua cubrió casi toda la superficie. “Se inunda todo y las casas quedan aisladas. Solo queda la altura donde está la casa, que parece una isla”, describió.
Los productores de esa zona comenzaron a mover los animales cuando llegó el agua y recientemente terminaron de retirar los últimos que quedaban. Como no hay caminos, deben guiarlos directamente por los sectores inundados. “Los sacan a nado”, resumió.
La familia de Giauque todavía mantiene la hacienda en su establecimiento; aún quedan algunas partes altas. Sin embargo, también comenzó a buscar otro campo ante el temor de que nuevas lluvias compliquen aún más la situación. Hasta ahora no encontró un lugar disponible. “Estuvimos viendo si conseguíamos otro lado, pero no hay pastaje en ningún lado porque se está moviendo mucha hacienda. Hay que quedarse acá; no queda otra”, afirmó.
Aunque los animales todavía pueden permanecer en el campo, sacarlos para venderlos o trasladarlos también se volvió difícil. Los camiones no pueden ingresar y la única alternativa es arrear la hacienda a caballo durante 30 kilómetros hasta la ruta 98. “Para cargarla tenemos que tropear 30 kilómetros con caballos hasta la ruta. Recién ahí podemos subirla al camión”, explicó.
La preocupación no termina con los caminos. Si el agua continúa durante la época de parición, los terneros recién nacidos pueden quedar sin lugares secos donde echarse. Para Giauque, ese riesgo puede convertir a una inundación en un problema incluso más grave que la falta de lluvias. “Creo que es peor que una sequía porque, si viene el agua en el verano, durante la parición los terneros se mueren. Se complica, pero hay que seguir”, expresó.
La Nación – Pilar Vazquez