Por otro lado, el inversor en minería o en hidrocarburos que llega desde el exterior negocia sus condiciones de entrada: los Regímenes de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) son, en esencia, una forma de decirle “estás en la Argentina, pero no con los problemas de la Argentina”. Para ellos no hay obligación de liquidar las divisas, no llega la manea del cepo, y ni hablar que para los beneficiados no existe el concepto de DEX. Es el precio que paga el Estado para atraer a quien tiene la opción genuina de no venir.
El campo, en cambio, ya está. No negoció su llegada. Y esa asimetría es el núcleo del problema: quienes tienen poder de negociación obtienen regímenes especiales; quienes no pueden irse, absorben las emergencias ajenas. Siempre con la esperanza que será solo temporario y ya va a cambiar (cuando se pueda). Pero hoy no podemos. Será más adelante.
Flaco favor le hace esta situación a quienes vienen a invertir y pueden llegar a pensar que más adelante y una vez aferrados, les pueda tocar a ellos una situación similar a la del campo. El mensaje no es bueno. Cuando un impuesto es injusto, pero es para todos, las fuerzas para buscar anularlo son mayores a cuando es simplemente un “impuesto al otro”.
Seguimos vanagloriándonos de la cosecha de soja actual, pero el volumen total de la misma no va a superar la cosecha de soja del mundial 2010 cuando Diego Maradona era DT de la selección.
El estancamiento productivo es por demás evidente. El clima ayudó esta campaña, pero el vaivén climático no reemplaza la certeza institucional. Sin un cambio de expectativas genuino, con inversión sostenida y reglas estables, seguiremos cosechando ciclos en lugar de construir una plataforma productiva de largo plazo.
Un cambio de expectativas con una baja hasta eliminación y por ley de DEX generaría una corriente inversora en el agro.
Está de más aclarar que la relación insumo producto en general y fertilizantes en particular para cualquier agricultor del mundo está crujiendo. Pero ni hablar para el caso de la Argentina que no recibe el precio internacional.
Un marco legislativo de salida DEX al agro, con compromisos de fechas es la salida a la escasa voluntad del Ejecutivo que ve en posponer decisiones, con apenas proyecciones homeopáticas de bajas, o bien cuando se viene la noche financiera y aparecen los exabruptos (dólar soja o símil). El saber que la producción de granos es la variable de ajuste funciona como ancla de expectativas a un esquema de inversión. Los 200 millones de toneladas están a la vuelta con este simple cambio. Los 300 millones con los que sueña el Presidente no son imposibles de lograr, pero con este esquema mezquino de bajas DEX no hay un cambio de expectativas como para empezar el camino.
El autor es productor agropecuario
La Nación