Pero quienes están tristes por esta sangría de recursos humanos, cabeza gacha, dirán que los que se fueron llevaban toda una vida dentro de la institución, con 18,3 años de antigüedad en promedio, y una edad también promedio de poco más de 53 años.
El gobierno, en esta información hacia el interior del INTA, destacó en 149 casos, los que dejaron su ubicación ejercían cargos jerárquicos, lo que seguramente obligará a una reformulación de tareas en muchos casos o ceses de líneas de investigación en otros. No es moco de pavo, pues dejaron sus sillas vacantes el 15% de quienes tenían alguna responsabilidad institucional.
Así las cosas, se fueron nada menos que 4 de los 15 directores de los Centros Regionales en que está dividida la institución, 8 de los 28 cargos gerenciales dentro de la dirección nacional del INTA, 8 directores de las 51 Estaciones Experimentales, 44 de los 258 jefes de Agencias de Extensión Rural, y nada menso 1uew 78 de los 203 coordinadores de área. Es decir, una verdadera sangría. En algunas localidades ni siquiera quedó gente para abrir la puerta de las oficinas.
Por provincias donde prestaban sus funciones, los agentes del INTA que se retiraron pertenecían sobre todo a Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos. Pero, además, con tonalidades más oscuras en el mapa de nuevo INTA enflaquecido, quedan las provincias de Mendoza y Río Negro.
Como si fuese un jueguito la presentación de un plan de negocios, las autoridades de INTA también mostraron el impacto que este tan discutido proceso tendrá sobre las Estaciones Experimentales, el corazón de la investigación en nuevas tecnologías agropecuarias.
Allí hay dos grandes perdedoras, las EEA Balcarce, con 42 bajas en su persona, y la EEA Manfredi (Córdoba), con 34 bajas. Son dos de los más respetados centros de investigación y quizás los que ostentan la mayor cantidad de lauros académicos y científicos.

También resentidas quedarán las experimental de Rafaela, en Santa Fe, cuyo fuerte es la lechería, la de Alto Valle de Río Negro, cuyo acento está puesto en la fruticultura; la de Cerro Azul en Misiones, con énfasis en los cultivos regionales como el té y la yerba; la de Saénz Peña en el Chaco, imbatible en lo que es algodón… Y siguen las firmas.
Bichos de Campo – Matías Longoni