
En esa línea, en algunas áreas se observan granos verdes, dañados o con signos de brotado, lo que genera descuentos. “Hay muestras en que se observan así el 50%. Todo eso tiene descuento. Aparte de un 20% de humedad, porque es mercadería que debe ir a secado”, describieron los técnicos. Esto implica mayores costos y menores ingresos para el productor, según advirtió la Bolsa de Comercio de Rosario.
En cuanto a los rindes, el panorama es dispar dentro de la región núcleo. En el sur de Santa Fe, por ejemplo, señalaron: “Rindes aceptables, dentro de lo estimado pero muy irregulares, van de 27 a 50 qq/ha [quintales por hectárea]”. Esto muestra que, si bien el promedio no se aleja de un año normal, hay diferencias marcadas entre lotes. En otras zonas los resultados también se ubican en valores esperados. En Cañada de Gómez, por caso, los rindes promedian 40 quintales por hectárea, “mejores a lo esperado inicialmente, pero en línea con un año normal”, según la entidad rosarina. Sin embargo, más allá del volumen, las condiciones en que se cosecha ese grano pasan a ser determinantes.
A nivel regional, el comportamiento es heterogéneo. En zonas donde las lluvias fueron más persistentes, como el sur santafecino y el sudeste cordobés, el avance sigue más lento y con mayores complicaciones. En cambio, en el norte bonaerense se ven resultados que superan lo previsto. En General Pinto, por ejemplo, destacaron que “los que esperaban 40 quintales están viendo rindes de 50 y 55 qq/ha”.
A las dificultades productivas se sumaron problemas operativos. En zonas como Bigand “no pueden arrancar temprano y ya sobre el ocaso, no pueden seguir cosechando”. Según la BCR, esto se debe a la alta humedad: por la mañana el rocío impide el ingreso de las máquinas y hacia la tarde las condiciones vuelven a deteriorarse, lo que reduce las horas efectivas de trabajo y extiende los tiempos de cosecha.
De cara a lo que viene, sostener este ritmo será clave. Según el informe, si se encadenan varios días de buen tiempo, el avance podría acelerarse en una campaña que arrastra demoras desde el inicio por las lluvias.
Mientras tanto, la BCR proyectó un escenario complejo para la próxima campaña de trigo 2026/27. La intención de siembra en la región núcleo muestra una caída del 17%, unas 300.000 hectáreas menos que el ciclo anterior. El problema central es el costo del fertilizante urea, que pasó de US$540 a US$890 por tonelada en un año, lo que llevó la relación urea/trigo de 2,6 a 4,1.
Con un rendimiento objetivo de 40 qq/ha y un precio de US$217 por tonelada para el cereal, los márgenes quedan muy ajustados: en campo propio el resultado es de apenas US$65 por hectárea, mientras que en campo alquilado la ecuación arroja una pérdida de US$128, según los cálculos difundidos por la Bolsa de Comercio de Rosario. Para no perder plata en el alquiler el rinde de indiferencia trepa a 46 qq/ha y en zonas como General Pinto llega a 54 qq/ha. “Es el cuento de la sábana corta”, graficaron los técnicos de la zona de Rojas.
La Nación – Pilar Vazquez