En paralelo, en el mercado aseguran que el grupo pasó de faenar alrededor de 700.000 pollos diarios a unos 200.000. Aun cuando la empresa busca transmitir que mantiene en pie su operatoria principal y que trabaja en una reorganización para atravesar la coyuntura, en la práctica la actividad se mueve hoy muy por debajo de los niveles con los que se consolidó como la mayor avícola del país.
Ese derrumbe de escala explica por qué la situación de Granja Tres Arroyos dejó de leerse como un simple problema de liquidez. Lo que está en discusión ahora es si la empresa todavía puede sostener la dimensión industrial que construyó durante años o si, por el contrario, ya entró en una etapa de repliegue estructural.
Menos granjas, menos faena y una estructura cada vez más chica
La salida de productores integrados no apareció de un día para el otro. Llega después de meses de ajuste interno en una empresa que ya venía achicando su estructura para intentar sostenerse. Según el relevamiento previo de este medio, Granja Tres Arroyos había llegado a emplear a más de 1.500 trabajadores y en los últimos meses redujo esa dotación a alrededor de 700, a través de retiros voluntarios, jubilaciones, recorte de horas extras y desvinculaciones selectivas.
Ese proceso de ajuste convivió con el deterioro financiero que hoy vuelve a quedar expuesto en los registros de cheques rechazados. Pero el problema ya no se agota en la caja. Ahora también se traslada a la base operativa del negocio: la empresa empezó a perder parte de su red de productores integrados, es decir, una parte del esquema sobre el que sostiene la crianza y abastece su circuito de faena.
La caída del volumen refuerza esa lectura. En una actividad de márgenes ajustados y fuerte dependencia de escala, producir mucho menos no sólo implica facturar menos: también complica la eficiencia con la que se sostiene toda la estructura industrial. El modelo que durante años le permitió crecer y consolidarse en el mercado hoy se volvió mucho más difícil de sostener en un contexto de caja ajustada, menor volumen y una red productiva que empieza a achicarse.
Ese es hoy uno de los puntos más sensibles del caso. Porque una empresa puede refinanciar deuda, renegociar plazos o patear pagos. Pero cuando empieza a perder volumen, productores y capacidad efectiva de operación, la crisis cambia de dimensión. Ya no se trata sólo de ordenar números. Se trata de ver si todavía puede sostener el tamaño con el que fue construida.
Menos granjas, menos faena y una estructura cada vez más chica
La salida de productores integrados no apareció de un día para el otro. Llega después de meses de ajuste interno en una empresa que ya venía achicando su estructura para intentar sostenerse. Según el relevamiento previo de este medio, Granja Tres Arroyos había llegado a emplear a más de 1.500 trabajadores y en los últimos meses redujo esa dotación a alrededor de 700, a través de retiros voluntarios, jubilaciones, recorte de horas extras y desvinculaciones selectivas.
Ese proceso de ajuste convivió con el deterioro financiero que hoy vuelve a quedar expuesto en los registros de cheques rechazados. Pero el problema ya no se agota en la caja. Ahora también se traslada a la base operativa del negocio: la empresa empezó a perder parte de su red de productores integrados, es decir, una parte del esquema sobre el que sostiene la crianza y abastece su circuito de faena.
La caída del volumen refuerza esa lectura. En una actividad de márgenes ajustados y fuerte dependencia de escala, producir mucho menos no sólo implica facturar menos: también complica la eficiencia con la que se sostiene toda la estructura industrial. El modelo que durante años le permitió crecer y consolidarse en el mercado hoy se volvió mucho más difícil de sostener en un contexto de caja ajustada, menor volumen y una red productiva que empieza a achicarse.
Ese es hoy uno de los puntos más sensibles del caso. Porque una empresa puede refinanciar deuda, renegociar plazos o patear pagos. Pero cuando empieza a perder volumen, productores y capacidad efectiva de operación, la crisis cambia de dimensión. Ya no se trata sólo de ordenar números. Se trata de ver si todavía puede sostener el tamaño con el que fue construida.
En definitiva, lo que se empieza a poner en juego ya no es sólo el cumplimiento de pagos ni la continuidad diaria de la operatoria. Lo que está en discusión es cuánta estructura podrá conservar la empresa y si todavía tiene margen para evitar una poda más profunda sobre plantas, volumen y red productiva.
Ese es, a esta altura, el verdadero problema de fondo en Granja Tres Arroyos: no sólo debe resolver una crisis financiera. También tiene que evitar que la reestructuración termine llevándose puesta la escala que durante décadas fue su principal ventaja competitiva.
Ámbito Financiero – Yanina Otero