“Esta línea representa una integración profunda de nuestros objetivos de sustentabilidad con la gestión financiera corporativa”, explicó la CFO de la compañía, Helen Song. Y fue más allá: “Al vincular de forma innovadora el financiamiento con avances medibles en abastecimiento certificado y due diligence de proveedores, esta estructura respalda la expansión continua de cadenas agrícolas responsables y certificadas”.
Del lado del banco también dejaron en claro que el movimiento no es menor. “Este tipo de financiamiento se ha centrado principalmente en la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero y la gestión de riesgos ambientales, pero en este caso utilizamos nuestra experiencia en cadenas de suministro para estructurar una operación enfocada en abordar riesgos sociales y de resiliencia”, señaló Marisa Drew, responsable global de sustentabilidad de Standard Chartered.
La lectura de fondo es más amplia que el anuncio. La agricultura sudamericana ocupa un lugar central en el abastecimiento global de alimentos y forrajes, pero también está bajo creciente presión por cuestiones ambientales y sociales. Hasta ahora, la mayor parte de esa presión se canalizaba vía requisitos comerciales o certificaciones voluntarias, principalmente en Eurpa. Con este tipo de instrumentos, empieza a filtrarse directamente en el costo del capital.
Desde Standard Chartered lo plantearon en términos más diplomáticos. “El cierre de este préstamo refleja nuestro compromiso de impulsar el comercio de una manera que genere un impacto real en las comunidades y apoye una transición justa”, dijo Wan Thonh, responsable de cobertura para Asia. Pero detrás de esa formulación aparece una lógica concreta: sin trazabilidad, sin controles sociales y sin validaciones externas, el negocio empieza a ser más caro.
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