Al analizar la situación actual, el ingeniero se detuvo en la distancia que existe entre el rendimiento potencial y el rendimiento logrado en trigo de secano. “Hoy esa brecha es del 52% en los rendimientos de granos del trigo. Esa es la brecha que tenemos que trabajar”, señaló.
Según explicó, el objetivo técnico debería ser que los sistemas productivos logren acercarse al 80% del potencial del cultivo. “Ese es el rendimiento que tendríamos que pensar como técnicos o como asesores”, sostuvo.
Entre los factores que explican esa diferencia aparecen principalmente cuestiones vinculadas al manejo del cultivo. De acuerdo con distintos estudios realizados en regiones productivas del país, uno de los principales limitantes es la fertilización. En la zona núcleo, por ejemplo, Mac Maney señaló que la brecha productiva está asociada en gran medida a la fertilización fosforada.
“Los factores que limitan los rendimientos están en la mayoría de las regiones. Principalmente faltan niveles de aplicación de dosis de fertilizantes”, indicó.
El especialista agregó que, en general, también se observan otros problemas de manejo que afectan el rendimiento final del cultivo. “Fertilizamos poco, no elegimos los antecesores adecuados y el uso de fungicidas sigue siendo poco común. Todo eso junto, con otros factores, hace que perdamos rendimiento”, advirtió.
A pesar de esas limitaciones, la última campaña mostró resultados destacados. Según recordó, el año pasado se registró un récord de rendimiento promedio de 40,10 quintales por hectárea, impulsado en gran medida por condiciones climáticas favorables durante el ciclo del cultivo.
“Las lluvias crearon condiciones excelentes a lo largo de la campaña”, explicó Mac Maney. A eso se sumaron otros factores agronómicos clave, como una máxima intercepción de radiación antes y durante el período crítico del cultivo, temperaturas moderadas, ausencia de heladas y de fusarium durante la floración, además de temperaturas sin extremos durante el llenado del grano.
Sin embargo, advirtió que altos rendimientos pueden venir acompañados de menores niveles de proteína en el grano debido a la dilución del nitrógeno absorbido por la planta. “Tener 10% de proteína está indicando que se está por debajo del rendimiento potencial del lote”, explicó.
Frente a este escenario, los especialistas destacaron que existe un amplio margen para mejorar la productividad del trigo mediante decisiones de manejo más ajustadas. Entre las herramientas mencionadas figuran modelos agronómicos más modernos, como Triguero 2.0 desarrollado por CREA y la Fauba, que permiten optimizar decisiones como la fertilización nitrogenada, además del uso de criterios de reposición de nutrientes, la elección adecuada de variedades, la definición de fechas de siembra y el monitoreo sanitario permanente del cultivo.
La Nación