De todas formas, el avance del cultivo muestra un escenario heterogéneo, pero mayormente favorable. La cosecha ya cubre el 38% del área nacional, con resultados dispares, mostrando rindes de 26,5 qq/ha en Chaco, 22 qq/ha en el oeste santiagueño y 16 qq/ha en el norte santafesino, este último afectado por excesos hídricos, déficit hídrico localizado y ataque de aves.
En el resto de las regiones, donde se concentra la mayor superficie, los lotes presentan estado general bueno y transitan el llenado de grano sin problemas sanitarios relevantes.

Desde Asagir destacan que el girasol dejó de ser un cultivo “refugio” para pasar a ocupar un rol estratégico dentro de los planteos productivos, especialmente en regiones con mayor variabilidad climática. Su tolerancia al estrés hídrico y su rusticidad permiten sostener resultados donde otros cultivos elevan el riesgo.
El crecimiento también debe leerse en clave comparativa, ya que mientras el girasol expande superficie, la soja y el maíz retroceden. La oleaginosa gana terreno en zonas marginales y en planteos que buscan reducir costos, diversificar riesgos y mejorar la sustentabilidad de las rotaciones.
El cultivo aporta además beneficios agronómicos, como el corte de ciclos de malezas y enfermedades, y una mejora en la estructura del suelo.
A esto se suma un contexto internacional que vuelve a jugar a favor. La menor disponibilidad global de aceites vegetales y la firme demanda por aceite de girasol sostienen los precios y mejoran las expectativas comerciales. Este escenario genera que el cultivo vuelve a tener mercado.
Bichos de Campo