Soja de segunda, el eslabón más comprometido
El panorama es especialmente delicado para la soja de segunda, implantada tras un “supertrigo” que dejó perfiles con fuerte consumo hídrico. En muchas zonas del centro del país, el cultivo muestra un desarrollo limitado, con pérdidas de rinde potencial que oscilan entre 20% y 60%.
La BCR proyecta un área no cosechable de 310.000 hectáreas, reflejo del impacto de la falta de agua en los estadios críticos de crecimiento. En varias regiones, técnicos describen lotes donde el cultivo “no supera la altura del rastrojo”, evidencia de un estrés hídrico prolongado.
A diferencia del ciclo 2023/24, esta campaña registró temperaturas más moderadas y arrancó con perfiles mejor recargados, incluso con recuperación de napas en algunas zonas.
El año pasado la sequía fue más extensa y severa, aunque una recuperación hídrica extraordinaria a partir de mediados de febrero permitió elevar la estimación desde 46 Mt hasta un cierre de 49,5 Mt. Ese antecedente mantiene abierta la posibilidad de una mejora si las lluvias acompañan.
Rindes provinciales y maíz: estabilidad en 62 millones
En el plano provincial, Santa Fe lidera los rindes estimados con 35,2 qq/ha, pese a caídas del 20% en el sudeste provincial.
Córdoba se proyecta con 31,5 qq/ha, con margen de mejora en el centro y norte, mientras que Buenos Aires se ubica en 31,2 qq/ha, condicionada por las lluvias en el centro-este y sudeste. Entre Ríos, la más comprometida, presenta un rinde estimado de 19 qq/ha, aunque con chances de recuperación si se concretan las precipitaciones previstas.
En paralelo, la BCR mantiene sin cambios la proyección de maíz en 62 millones de toneladas, lo que implicaría un aumento interanual del 24%. La estimación contempla un área total de 9,75 millones de hectáreas, con 8,05 millones destinadas a cosecha comercial.
Las lluvias de los próximos diez días serán determinantes para sostener los maíces tardíos en floración, especialmente en Córdoba y Buenos Aires. En el norte, si bien se detecta presencia de chicharrita —vector del Spiroplasma—, los niveles se mantienen dentro de parámetros históricos y no generan, por el momento, un escenario de alarma.
Con un escenario climático todavía abierto, la soja argentina queda sujeta a un factor decisivo: la capacidad de las lluvias de consolidar el potencial productivo y evitar que el deterioro en el núcleo productivo arrastre la estimación por debajo del umbral actual.
El Litoral, Santa Fe