Suponiendo una venta del kilo vivo para la faena en 4500 pesos, y un precio del kilo de maíz de 265 pesos, con un kilo de carne se compran 17 del cereal, cuando se supone que por encima de los 11 kilos la relación ya es positiva.
Además, se espera una muy buena cosecha de ese grano a nivel local y global, lo que mantendría a raya las cotizaciones y fomentaría el agregado de valor o su transformación en carne.
Otro factor es la seca que se dio en enero. Altas temperaturas y ausencia de lluvias secaron campos y obligaron a encierres anticipados.
Este creciente volumen de encierre con hacienda de diferentes categorías -ya que entraron con variados kilajes- dará lugar a salida de animales con pesos diferenciales, para atender a distintos mercados: consumo y exportación.
A pesar del mayor encierre, este año se espera una caída en la faena que ya se confirmó en enero. La baja sería de 8% a 10% y afectaría a la producción de carne, aunque en menor manera ya que aumentará el kilaje por res producida.
El punto es que los exportadores, de la mano de la firmeza del mercado mundial, están ganando espacio y cada vez se llevan un porcentaje mayor de la producción de carne. De hecho, en enero el consumo bajo 2,5% según datos preliminares.
Son los exportadores los que también vienen ganado peso en los procesos de terminación de la hacienda. En los feedlots hoteleros más de la mitad del ganado encerrado es de las firmas que venden carne al extranjero. Por lo general buscan la compra de animales recriados, es decir, con más de 230 a 250 kilos, para sacarlos con más de 400 kilos y tener así la alternativa.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti