Una clave en este contexto es que el pistacho se explica como inversión debido a sus fundamentos económicos.
Entre otros aspectos, a diferencia de otros cultivos, presenta un bajo riesgo productivo relativo y barreras de entrada altas, tanto por los requerimientos técnicos y climáticos como por el nivel de inversión inicial que demanda.
En paralelo, la demanda mundial de pistacho crece a un ritmo promedio del 6,5% anual desde hace más de dos décadas, mientras que la oferta avanza a un ritmo menor, estimado en torno al 5% anual.
Esta dinámica proyecta un déficit estructural superior a las 250.000 toneladas en los próximos 10 a 15 años, un escenario que favorece la estabilidad de precios y refuerza su atractivo como activo productivo de largo plazo.
En este sentido, Argentina —y particularmente San Juan— cuenta con condiciones agroclimáticas ideales y la ventaja de la producción contraestacional, lo que abre una oportunidad estratégica para el desarrollo de nuevos polos productivos.
La inversión en pistachos
Así, la propuesta de inversión está pensada tanto para pequeños como grandes inversores que buscan rentabilidad en dólares, renta pasiva y participación en un activo tangible de largo plazo.
Todo el proceso —desde la plantación hasta la comercialización— es 100% administrado por AgroFides, sin requerir conocimiento ni dedicación por parte del inversor.
“En Argentina todavía falta cultura de inversión en proyectos productivos de largo plazo. En otros mercados, este tipo de vehículos forma parte habitual de los portafolios. Nuestro objetivo es acercar ese modelo a inversores locales, combinando experiencia productiva específica, gestión empresarial y estándares de transparencia que permitan invertir con una lógica profesional desde el primer día”, agregó Ponelli.
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