Respecto a sus características, Chango posee un sistema de transmisión y motorización dentro de la rueda, que le brinda un diseño compacto y le permite transferir su potencia a las herramientas que se le conectan. Es así que puede mover implementos como sembradoras, pulverizadoras o discos de labranza, a la par que puede energizar una bomba, una moledora, una picadora o una ensiladora de forrajes.
“Es una tecnología abierta porque habilita a que las PyMEs ubicadas en aquellos lugares donde se producen los alimentos puedan desarrollar o ajustar los equipos que ellas tienen”, afirmó Justianovich.
Esta tecnología, que INTA ya le transfirió a INTeA, ya se encuentra en etapa de producción, de la mano de una empresa de Olavarría.
“Es una empresa industrial que produce el equipo e INTeA lo comercializa. Ya hay equipos que se han vendido para la yerba mate, para ganadería y para horticultura”, detalló el investigador.
-Haciendo un análisis de mercado, ¿cómo está la demanda?
-Según el último censo agropecuario, hay menos de 1.500 tractores de menos de 15 HP, o sea tractores chicos. Eso te da una idea de que se hace todo a mano, que no están mecanizadas esas unidades productivas, que son la mayoría. A nivel nacional esta tecnología tiene muchísimo para crecer. Datos de la FAO muestran que el 90% de los establecimientos del mundo tienen menos de una hectárea, con lo cual las posibilidades como nicho de mercado con muy grandes.
-¿Es caro acceder a esto?
-No, no es caro. En un establecimiento hortícola, usándolo 30 minutos por día, se pueden mecanizar casi todas las labores y en menos de 3 años recuperaste la plata que sale del equipo. En cosecha de uva son 27 días de trabajo, en cosecha de banana serían alrededor de 3 meses. Estamos hablando de que es una tecnología que se amortiza rápido.
Bichos de Campo