La Red de Ensayos Comparativos de Variedades de Trigo, coordinada por el INASE junto con el INTA Marcos Juárez, reúne a todas las empresas que poseen cultivares comerciales o en proceso de inscripción en el país. “Es el único sistema oficial donde se comparan todos los materiales disponibles en el mercado”, explicó Gómez. “Las empresas deben incluir sus variedades para poder comercializarlas, y cada material participa al menos cuatro años consecutivos”, detalló
En la misma línea, Julio Pietrantonio, coordinador de la red de ensayos de trigo de las agencias de extensión del INTA Marcos Juárez, describió una campaña atípica por las condiciones hídricas. “Tuvimos un julio y agosto con precipitaciones récord históricas. Y como gran parte del rendimiento del trigo se define con la humedad del perfil al inicio del ciclo, las expectativas son muy buenas. Venimos con perfiles llenos y con una expresión de cultivo que no se veía hace mucho”, comentó.
En los lotes de esta red, la mayoría de los trigos se encuentra en espigazón o antesis. “En estos estadios debemos mantener la hoja bandera, la menos uno y la menos dos, en condiciones ideales, porque definen en gran parte el rendimiento”, advirtió.
La red de ensayos de las agencias de extensión del INTA Marcos Juárez provee información local sobre rendimiento y calidad mediante la articulación público-privada. Cuenta con 14 sitios distribuidos en distintas localidades del sur cordobés —entre ellas Bell Ville, Corral de Bustos, Arias, La Carlota y Río Cuarto—, con macroparcelas manejadas con tecnologías del productor. En la campaña 2024/25 participan ocho semilleros con un protocolo común.
Genética y sanidad
Las precipitaciones no fueron el único factor determinante para definir el potencial del ciclo productivo. Según ambos técnicos, la genética actual del trigo argentino permitió aprovechar al máximo el agua disponible. “Esto es gracias a una mejora en la genética de los cultivos. En estas redes participan los materiales que aparecen año tras año. El mejoramiento viene acompañando tanto el rendimiento como la sanidad”, explicó Gómez.
Pietrantonio coincidió: “Las empresas traen a esta red materiales nuevos o los que están mejor posicionados. Nosotros evaluamos el rendimiento, la calidad panadera y también la incidencia y severidad de las enfermedades. Esto nos permite contar con información local para la toma de decisiones.”
Por otra parte, subrayaron que si bien la alta humedad del invierno planteó un desafío sanitario, especialmente por el riesgo de royas y manchas foliares, el monitoreo constante permitió mantener los cultivos en buenas condiciones.
“Pensábamos que íbamos a tener un impacto grande de enfermedades fúngicas, sobre todo royas (amarilla, anaranjada y negra o del tallo)”, comentó Gómez. “Aparecieron temprano, pero no avanzaron lo suficiente como para complicar la producción. En la mayoría de los ensayos no hizo falta aplicar fungicidas, salvo en materiales muy susceptibles”, informó.
En la red de agencias del INTA, el monitoreo se realiza con protocolos específicos elaborados por el área de fitopatología del INTA Marcos Juárez. “El especialista Enrique Alberione nos proporcionó un protocolo para el seguimiento sanitario. En función de eso, detectamos algunas royas y se hicieron aplicaciones puntuales de control”, explicó Pietrantonio.
La clave fue la rapidez en la detección y la oportunidad de las intervenciones. “Este año hay que prestar mucha atención a las enfermedades”, advirtió, y añadió: “La humedad permite expresar el máximo potencial del trigo, pero también genera condiciones para que los patógenos se desarrollen. Mantener las hojas sanas en este momento es fundamental para sostener el rendimiento”.
Según los técnicos, la combinación de monitoreo y genética resistente explica el buen estado sanitario actual. “Las enfermedades aparecieron, pero quedaron en las hojas basales y no comprometieron las hojas superiores, que son las que definen el llenado de grano. En eso la genética está jugando un papel clave”, resaltó Gómez.
Atentos a la calidad
Otro aspecto que concentra la atención de los profesionales del INTA es la calidad del grano. La humedad y los rendimientos excepcionales podrían afectar los niveles de proteína.
“Se está hablando de rindes que duplican los esperados”, advirtió Gómez. “Si no se acompañó con una fertilización adecuada, especialmente nitrogenada, al subir tanto el rendimiento puede caer la calidad, es decir, la proteína en grano. Hay que estar atentos a eso”, subrayó
Pietrantonio explicó que en el laboratorio del INTA Marcos Juárez realizan análisis de calidad, donde se determinan parámetros panaderos y se comparan entre variedades. “En los ensayos medimos tanto rendimiento como calidad panadera, y esa información se difunde al final de la campaña. Es una herramienta para decidir no solo qué cultivar sembrar, sino también cómo manejarlo”.
“Tenemos una campaña muy húmeda y con trigos que van a producir mucho. El objetivo ahora es sostener niveles de proteína aceptables para mantener el valor comercial del grano”, concluyó Gómez.
Clarín