En este contexto, la tensión comercial entre Brasil y Estados Unidos aparece como una ventana de oportunidad. “Lo que le está pasando a Brasil con los aranceles de Estados Unidos le ha dado un impulso a que nosotros podamos negociar de otra forma”, admitió De la Fuente. El titular de Capip aclaró que no se trata de celebrar los problemas ajenos, sino de fortalecer los lazos regionales. “No creemos en que podemos crecer porque a otro le vaya mal, pero regionalmente nos tenemos que vincular y mirar estratégicamente a Brasil”, ratificó.
El desafío con el langostino es particularmente complejo: el producto argentino estuvo vedado de Brasil durante ocho años por una medida cautelar impulsada por los propios productores de camarón de cultivo brasileños. Dicha barrera se levantó recién en 2021 y, desde entonces, el trabajo de penetración de mercado ha sido lento.
La urgencia por abrir Brasil se explica por la volatilidad extrema de los mercados tradicionales. Las estadísticas de exportación de los primeros nueve meses de 2025 muestran un sector estancado, con un crecimiento de apenas 0,6% en el valor total. Esta aparente estabilidad oculta una crisis severa: la industria se mantuvo a flote solo gracias a una zafra excepcional de calamar, que sumó 174 millones de dólares adicionales. Esos ingresos extraordinarios apenas lograron compensar el derrumbe histórico del langostino entero, cuyas ventas cayeron un 45,6%, generando una pérdida de 184 millones de dólares, de acuerdo con el último informe de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (Capeca).
Para consolidar la ofensiva comercial, Capip firmó un acuerdo de cooperación con la Associação Brasileira de Fomento de Pescado (Abrapes). El objetivo es crear una “agenda permanente de intercambio” que genere la confianza necesaria para que las empresas de ambos países concreten negocios.
Mientras la industria también se prepara para la crucial feria de Qingdao en China, De la Fuente insistió en la visión global. “Tenemos que mirar cuáles son nuestras perspectivas comerciales, donde podemos colocar nuestros productos y la demanda de proteínas en el marco global sigue siendo requerida. Podemos dar certezas que nuestros productos tienen trazabilidad y calidad premium, por eso hay que estar en estos eventos”, reivindicó De la Fuente.
A pesar de la fuerte competencia de la tilapia local, el presidente de Capip señaló que, dada la magnitud de la población brasileña y su demanda de proteínas, “hay mercado para todos”. Puntualizó que Brasil es un gran importador de pescado y desarrollador de cultivo, con poca pesca extractiva. Además, los vecinos producen mucha tilapia, que compite con la merluza argentina.
Vale recordar que, durante ocho años, entre octubre de 2013 y marzo de 2021, las exportaciones de langostino estuvieron completamente bloqueadas. La prohibición se originó por una “medida cautelar” interpuesta por la Asociación Brasileña de Criadores de Camarón (ABCC), que buscaba proteger su producción de camarón de cultivo de la competencia del langostino salvaje argentino. La decisión final fue tomada por el Supremo Tribunal Federal de Brasil, que puso fin a la veda, gracias a la gestión de la Embajada Argentina. A pesar de que los envíos se reanudaron en abril de 2021, el presidente de Capip, señaló que el trabajo de posicionamiento recién comienza, ya que “de a poco va ingresando nuestro langostino austral y salvaje. Hay que venir a explicar que es un producto distinto al de cultivo”.
La Nación – Belkis Martínez