Se estima que el acuerdo, que se está llevando a cabo bajo estricta confidencialidad en Washington, podría incluir una baja de aranceles para una amplia lista de productos, que también podría alcanzar al acero y el aluminio que llegan a un 50% de impuestos.
El Gobierno mantiene el hermetismo sobre qué productos está negociando. Argentina es uno de los principales industrializadores de soja del mundo. Hay fábricas de aceiteras alrededor de Rosario, que tienen el doble de capacidad de lo que hoy procesan porque iban creciendo en función del crecimiento de la soja de la Argentina y la producción se estancó en los últimos 15 años. Es decir que hay mucha más capacidad aceitera que la soja concreta que hay en Argentina. Por eso se viene comprando soja a Paraguay, pero no alcanza.
Expertos en el área señalan que, si la Argentina firmara un acuerdo de ese tipo, “podría ser una especie de win-win”, un arreglo donde ambos países ganen. Porque Estados Unidos podría canalizar la soja que no le puede vender a China para que se trabaje en las aceiteras argentinas y en lugar de ir como grano a China desde Estados Unidos, se venda como harina o aceite desde Argentina. La duda es a quién se le venderían esos productos más industrializados.
Si Estados Unidos hace una especie de contrato tercerizado que canalice su soja para que se procese en Argentina y después ellos encuentran a quién le venden esa harina y ese aceite, podría ser una buena jugada de agregado de valor.
Argentina tiene de 55 a 60 millones de toneladas de capacidad de procesamiento y ahora se utiliza solo la mitad. Brasil, en cambio, no tiene capacidad ociosa, por lo que en principio podría ser un negocio que aprovecharían las aceiteras argentinas.
Un acuerdo de este tipo, más allá de que incluya o no a la Argentina, sería una buena noticia para los agricultores estadounidenses, que están en pie de guerra contra Trump porque la guerra tarifaria, especialmente con China, perjudica la producción y venta de sus productos.
Pero el enojo de los granjeros de EE.UU. alcanza también a la Argentina porque el sector además ha protestado contra el paquete de ayuda que anunció el Tesoro de Estados Unidos, por US$20.000 dólares que podrían extenderse a 40.000 millones, según dijo Bessent.
Agricultores, demócratas y algunos republicanos cuestionan por qué Estados Unidos compromete miles de millones para impulsar la economía de un país extranjero, especialmente cuando los agricultores estadounidenses de soja están sufriendo y necesitan ayuda. El campo es un sector que votó mayoritariamente por el republicano.
Según la Asociación Americana de Soja, China es el mayor comprador de soja de EE.UU. y le ha comprado más del 50 por ciento de las exportaciones estadounidenses del producto en 2023 y 2024. Mientras agricultores estadounidenses temen quiebras y ejecuciones hipotecarias debido a sus pérdidas, los agricultores de Argentina y Brasil están suministrando cada vez más soja a los mercados chinos.
Clarín – Paula Lugones