La razón principal estuvo en la estabilidad cambiaria y la baja de las tasas en dólares, que descendieron de un rango del 10–15% anual a un solo dígito, alentando la toma de deuda en esa moneda.
Los préstamos siguen activos
De todos modos, los préstamos en pesos siguen siendo mayoritarios: representan alrededor del 80% del financiamiento total. En este segmento, el saldo a junio ascendía a USD 741 millones, con un incremento interanual del 69%.
Pero más allá del volumen, el punto de mayor preocupación es el costo financiero. Según el BCRA, la tasa promedio para el sector ganadero llegó al 47% anual en pesos, diez puntos más que un año atrás. Y la reciente suba de tasas tras el desarme de las Lefis aceleró aún más esa tendencia.
Este encarecimiento no solo afecta la posibilidad de tomar nuevos créditos de inversión, sino que golpea directamente la operatoria diaria de las PyMEs ganaderas, encareciendo herramientas habituales como tarjetas de crédito, descuento de cheques o adelantos en cuenta corriente.
En un contexto en el que el negocio ganadero muestra perspectivas alentadoras, la suba de tasas introduce un factor de incertidumbre que puede condicionar la recuperación y restar dinamismo a las decisiones empresariales.
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