Finalmente, en el caso de la carne aviar, las importaciones sumaron 10.000 toneladas contra las 2.679 del año pasado. El incremento en volumen fue de casi 300%. En su mayoría son pechugas de pollo, que representan casi el 10% de la oferta que generan las empresas locales.
El año pasado, el valor medio por tonelada fue de 1.500 dólares y este año fue 2.500. La suba en este ítem fue de 67%. Pero como creció mucho el volumen, saltó fuerte la cantidad de divisas utilizadas: se gastaron 27 millones de dólares contra los 3.700 de 2024.
Ese monto no es para nada significativo en las cuentas nacionales, pero sí lo es a nivel simbólico, ya que el Gobierno que libera ese comercio, luego usa el dinero que le entró por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para pagar deudas. Es decir, deuda más deuda.
Además, es completamente innecesario en función de la producción local, que permite un consumo cercano a los 50 kilos por habitante al año, y que casi empata al de carne vacuna, lo que habla de los altos niveles de producción de las empresas del sector.
El tercer aspecto que llama la atención de todo esto es que, al tiempo que se permite el ingreso de carne aviar, a las empresas locales que quieren exportar les cobran derechos de exportación.
En definitiva: un frigorífico brasileño y un importador local hacen un gran negocio en un mercado que paga buenos precios en dólares, mientras que a las empresas argentinas se les complicó el acceso a los mercados por el atraso cambiario que hubo en los últimos meses, y los demás problemas de competitividad que tiene la economía argentina.
Pero como eso no alcanza, les retienen parte de lo que cobran cuando exportan: 6,75% antes de la exposición rural de Palermo, y luego 5% del valor bruto de cada embarque.
Esa baja tuvo gusto a poco. El sector avícola exportó este año por 100 millones de dólares, por lo que el Estado se quedó con 6,75 millones de dólares. Para sus cuentas es nada y para las empresas es mucho. Además, usó otros 27 millones para importar carne de Brasil, el país más productivo y competitivo en producción de carnes del mundo, que no necesita ni un poquito de ayuda.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti