Los países del este europeo, por caso Polonia y Lituania, vienen experimentados cierres muy acelerados, pero llama la atención lo que sucede en países con larga tradición en la actividad como España, que tiene la tasa más alta y que llega al 6,6%, lo que triplica el nivel de cierre de tambos en Argentina.
“Las españolas son unidades productivas más chicas que sufren además la competencia de otros países, y por eso se ven continuamente protestas por pagos por encima del costo”.
Francia y Estados Unidos, otros dos grandes productores de leche, también tienen tasas elevadas que llegan a 5,7%.
Giraudo dijo que a nivel global se reiteran los factores que llevan a los productores a salir de la actividad.
“Una de las principales causas es el freno a la aplicación de políticas o la ausencia total en otros. Hay reducción en el apoyo a la lechería en Europa. También hay restricciones ambientales. Falta de mano de obra porque la gente no quiere trabajar en el tambo ni vivir en el campo. Tampoco hay continuidad familiar. Para seguir además hay que invertir en tecnología y muchas veces no está la plata ni la financiación y además pesan los problemas de rentabilidad en la actividad para lo que se necesita escala y eficiencia”.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti