Respecto de los buenos actuales, puntualiza que “cuando vale la cría, empieza a estar interesante el negocio. Cuando un criador no tiene precio por su producto, automáticamente empiezan a dejar la actividad. Y cuando se deja la cría, volver es difícil. En la cría se dan las mayores pérdidas o ineficiencias”, dice Groppo.
En este sentido, explica que el ciclo ganadero, que puede durar entre 3 y 4 años, según se preñen las hembras a los 15 o 24 meses, respectivamente, muchas veces coincide con el mandato presidencial. “Hago esta comparación con la política, porque es algo que lamentablemente todavía nuestros gobernantes no ven o no lo quieren comprender. Entiendo que otras veces no lo pueden considerar por algunas situaciones, pero hay una realidad: estamos estancados en la producción de carne hace 40 o 50 años. Ahí es donde faltaron políticas públicas”, puntualiza.
Para Groppo, este es el principal pedido que le haría a las autoridades. Al respecto, reconoce como positiva la liberación de exportaciones de ganado en pie, porque “eso favorece a la cría y a la recría, ante condiciones que limiten la oferta forrajera”. Además, agrega la necesidad de una oferta crediticia a largo plazo y a valor producto, con tasas no tan altas, similar a la que ya tiene la lechería.
Por otra parte, Groppo señala que “la interacción público-privada debe ser virtuosa e ir para adelante, pero adaptada a la velocidad a la que nos movemos en el sector privado, que es muy diferente por a la que se mueve el sector público, por ejemplo, en la apertura de protocolos con distintos países para exportar o importar genética”, precisa.
Clarín – Gastón Guido