Esta tecnología utiliza el propio sistema de defensa del insecto para amplificar la señal y cortar el fragmento de ARN. “A diferencia de los pesticidas químicos, estos biopesticidas son biodegradables, no dejan rastros en el ambiente y no contribuyen a la generación de resistencia”, destaca María José Blariza, investigadora del Conicet en el IBS y otra de las integrantes del equipo.
Del laboratorio a la empresa
Este desarrollo comenzó a consolidarse después de que los investigadores participaran de distintos procesos de aceleración con fondos para startups, como SF500, que impulsaron a la creación de un proyecto para la conformación de una empresa de base tecnológica (EBT). Este paso será fundamental para trasladar el conocimiento científico generado en los laboratorios del Conicet a soluciones concretas para la sociedad argentina y global.
Cabe señalar que el proyecto surgió de investigaciones y servicios de diagnóstico de enfermedades vectoriales previamente realizados en el laboratorio, y en base a la experiencia adquirida por los investigadores en interferencia de genes de insectos vectores de distintas enfermedades. Estos pasos previos fueron los que posibilitaron que el grupo pueda desarrollar un biopesticida que ha validado la prueba de concepto.
También se han realizado pruebas con pulverizaciones sobre insectos, tanto en el laboratorio del Grupo de Investigación en Genética Aplicada (GIGA) del IBS en Misiones como en la Estación Experimental Agropecuaria Bella Vista del Inta, en Corrientes, donde el grupo de Citrus es el referente en HLB. Los resultados han comprobado la disrupción efectiva de la actividad génica en el vector.
Algunos de los próximos pasos son la validación de la tecnología de encapsulación para proteger el compuesto de las condiciones climáticas y ampliar la evaluación en campo, así como obtener el registro del producto.
Potencial para otras enfermedades
El potencial de la tecnología con la que están trabajando los investigadores del Conicet se extiende más allá del HLB. Si bien la estrategia inicial se ha focalizado en el vector de esta enfermedad, la plataforma de RNAi puede aplicarse a otras plagas importantes incluyendo a vectores de enfermedades humanas.
Este trabajo representa un claro ejemplo de cómo la investigación básica y aplicada puede converger para generar soluciones tangibles con un gran impacto social. “Es muy satisfactorio ver que nuestro trabajo de tantos años puede ayudar a la sociedad de manera concreta. Sabemos lo que sufren los productores citrícolas cuando son atacados por el HLB porque tienen que quemar todas las plantas. Pierden sus plantaciones y el sustento para sus familias. Entonces, ver que las investigaciones a las que les hemos dedicado tantos años se convierten en una respuesta para eso, es muy gratificante”, resalta Blariza.
Miretti, por su parte, destaca que este desarrollo es el resultado de una acumulación de experiencia y un proceso de largo aliento. A su vez, resaltó el efecto motivador que tiene el proceso de creación de una EBT para los becarios y tesistas que trabajan con ellos en el laboratorio, al ver que las investigaciones pueden ir más allá de lo académico y generar startups con impacto real. “Estamos atravesando un proceso muy motivador en el laboratorio que esperamos que pueda continuar y seguir creciendo”, concluye.
La Capital