En paralelo, hay otra buena noticia: aunque las densidades siguen siendo elevadas en áreas endémicas del NOA y NEA, los análisis moleculares muestran una reducción en la infectividad del vector con Spiroplasma (CSS) respecto al verano.
“Esta baja podría deberse a un recambio generacional —con adultos emergiendo sin contacto con plantas enfermas— y a condiciones climáticas menos favorables para la propagación del patógeno”, explicaron desde la Red.
Monitoreo y manejo integrado
En este contexto, a pesar de las señales positivas, los especialistas subrayan la necesidad de mantener un monitoreo intensivo, incluso en cultivos ya cosechados o durante el invierno.
Las trampas cromáticas adhesivas, sumadas a las inspecciones directas en cultivos de servicio, invernales o malezas, son herramientas esenciales para seguir de cerca la presencia del insecto, afirman.
Durante el otoño-invierno, Dalbulus maidis cambia su tonalidad: los adultos adquieren colores más oscuros, lo que requiere atención especial para una identificación precisa.
Los expertos advierten que entender la dinámica poblacional estacional de la chicharrita es central para tomar decisiones informadas y anticipar eventuales brotes. En este sentido, remarcan que el manejo integrado de plagas (MIP) debe incluir no solo medidas de control, sino una estrategia de monitoreo sistemática y prolongada.
Clima favorable para el maíz
Por su parte, el jefe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa rosarina, Cristian Russo, indicó que “las temperaturas bajo cero y las heladas ayudan a disminuir la población de chicharritas”, lo que podría traducirse en menores daños a los cultivos.
Esta situación, que se repitió el año pasado, no deja de ser una buena noticia. En informes del invierno del año pasado, se observó que las bajas temperaturas —en particular heladas intensas y sostenidas— provocaron una reducción significativa de la población de Dalbulus maidis.

Por ejemplo, en Santa Fe y Buenos Aires se registraron heladas bajo cero, y los especialistas del INTA señalaron que “con el frío y las frecuentes heladas van a favorecer al saneamiento de gran parte del área pampeana”.
El GEA/BCR resalta que un invierno más frío de lo habitual —como el de 2024, en el que se superaron récords del 2007 y 2018— contribuye a diezmarlas poblaciones en regiones como la zona núcleo, ya que las heladas “resetean el sistema”, reduciendo incluso maíces voluntarios y vectores.
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