Lunes, 09 Marzo 2020 02:29

Desilusión y hartazgo con la presión tributaria, el trasfondo de la nueva protesta del campo

BELL VILLE.- Para conseguir señal y hablar con su celular, Maximiliano Marveggio, de 35 años e ingeniero agrónomo, se tiene que subir a su camioneta y hacer una serie de artilugios para conseguir comunicarse. "Así se vive en el interior", advierte con ironía. Explota un campo de 1000 hectáreas, de las cuales la mitad son de su familia, donde desarrolla ganadería y siembra, y presta servicios de cosecha a otros productores.

Su campo, que es de productividad media y baja, está a solo 29 kilómetros de la autopista Rosario-Córdoba, al norte de Bell Ville, una región donde los productores autoconvocados encabezan las protestas contra la suba de retenciones a la soja al 33%, que terminaron en un paro de comercialización en todo el país que comenzará mañana y se extenderá por cuatro días.

Los agricultores de esa región comenzaron a juntarse al costado de la ruta desde fines de enero, tras el incremento que decretó el gobierno de Alberto Fernández en diciembre pasado, cuando subió el impuesto a los derechos de exportación del 24% al 30% a la soja. Ahora, con otro ajuste de tres puntos a las retenciones, los productores recargaron su bronca, que desde esa asamblea les trasladaron el malestar a los dirigentes de la Mesa de Enlace.

"Sembramos con un gobierno que ya nos había subido las retenciones, como el de Mauricio Macri, y cosechamos con otro, que desde diciembre hasta hoy nos aumentó un 10% esa carga tributaria", aseguró Marveggio, junto a un grupo de productores de la zona, que con distintos matices coinciden con la mirada de este joven productor.

En el campo de Luján Madio, productora de 43 años, la sequía empieza a hacerse visible en las plantas de soja que están amarillentas, en una tierra agrietada y reseca que aparece como manchones en el lote. Son los riesgos que asumen los productores cada vez que siembran.

Guillermo Ulla, productor de Bell Ville, apunta que "el campo siempre es solidario con el país desde hace muchos años, pero nunca el Estado es solidario con el campo cuando se pierden o hay malas cosechas".

"Es la bronca que uno trae desde hace tiempo, porque es fácil sacarle plata al campo. Pero este último aumento parece una provocación, porque a nivel fiscal no es significativo, pero sí lo es para nosotros, que atravesamos desde hace tiempo una situación límite", señala Ulla .

Y agregó: "Mucha gente y sobre todo un sector de la dirigencia política piensan que somos millonarios y terratenientes. Y es mentira. Nosotros estamos todo el día pensando y trabajando para ver cómo podemos sobrevivir".

Bajo un sol demoledor, el sábado de la semana pasada, un día antes del discurso del presidente Alberto Fernández en el Congreso, un grupo de unos cien productores se juntaron al costado de la autopista Rosario-Córdoba y votaron por un cese en la comercialización de granos.

Durante la semana que pasó, la mayoría de las entidades que conforman la Mesa de Enlace ratificaron la medida de fuerza. Los dirigentes se reunieron el martes con el ministro de Agricultura Luis Basterra, quien les comunicó que habría una nueva suba de las retenciones de tres puntos para la soja y sus productos procesados, como aceite y harina, para productores de más de 1000 toneladas. El Gobierno propuso, además, que habrá una devolución a los agricultores que estén debajo de ese volumen de producción.

"El problema es que la segmentación de las retenciones nunca funcionó, porque las devoluciones no se cumplen en tiempo y forma, en un país que tiene una alta inflación", considera Ulla.

"Debemos pagar retenciones, pero no a este nivel y con estos costos. La retención cero es imposible, pero este nivel de presión tributaria se hace insostenible", reflexiona Luciano Vasconi, de 29 años, que explota un campo de 800 hectáreas, de las cuales solo 200 son de su familia; el resto lo debe alquilar.

"Esta semana mientras estaba trillando maíz, arriba de la cosechadora, pensaba qué va a ser de mi futuro. No podemos proyectar nada, porque en un año cambia todo diez veces. Es imposible", remarca el joven, que desde hace 18 años se dedica a trabajar en el campo.

Nuevo "manotazo"

Sergio Ramello, de 59 años, con más experiencia que su vecino Vasconi, tiene la misma posición. "El gringo invierte, a diferencia de lo que piensan muchos, que nos endilgan que somos miserables y guardamos la plata. Y con este nuevo manotazo al campo la crisis va a golpear a los pueblos y ciudades del interior".

Ramello estima que "la mayoría de los productores aún no tomaron dimensión de la situación, y que en la próxima siembra se van a dar cuenta de que esto es inviable".

"El campo no es el mismo que hace diez años, porque aparecieron nuevos problemas a los que hay que destinar inversión para contrarrestarlos, como las malezas, la baja proteína en la soja, y otros, como el de las napas, que en esta zona están casi al ras del suelo, con caminos rurales, que son un desastre y el productor se encarga de mantenerlos. ¿En qué lugar del mundo un productor compra una motoniveladora para arreglar los caminos para sacar la producción de su campo?, interviene en la charla Marveggio.

Luján Madio abre otra grieta en la discusión, al advertir que después del incremento de las retenciones al maíz y al trigo de diciembre y del nuevo aumento a la soja, "lo que va a ocurrir es que se va a agudizar el monocultivo de soja. Vamos a una mayor sojización".

Fernando Iturbe, un joven de 18 años, otro productor de la zona de Bell Ville, remarca que "el sector no solo se queja de las retenciones a la soja, sino de la carga tributaria general que impacta en ellos. Pagamos 163 tributos. Es una locura para cualquier actividad económica".

Ulla sostiene que, como el girasol sufrió una baja en las retenciones del 12% al 7%, "uno puede pensar que los productores se van a volcar a esa oleaginosa. Pero van a aparecer nuevos problemas, entre ellos, que no va a haber semillas para cubrir esa demanda y que el precio va a bajar. Con el maíz pasó lo mismo. Fue un boom, pero ahora le aplicaron retenciones y va a volver a bajar la producción".

"Después nos dicen que hay que rotar los cultivos, que hay que hacer cobertura para cuidar el suelo. Claro que lo tenemos que hacer, pero con esta ecuación económica es imposible", agrega.

"El problema es que ya no hay margen para achicarnos. Porque, como los números no dan, el productor empieza a recortar insumos, compra menos fertilizantes y agroquímicos, ni qué hablar de máquinas, que ya nadie compra. Pero eso ya lo hicimos. No hay más margen", resume Marveggio.

La Nación - Germán de los Santos