Lunes, 02 Marzo 2020 02:27

Producción forrajera: Una campaña con silos más energéticos pero menos kilos por hectárea

Al igual que la producción de granos, la campaña de producción de reservas forrajeras se mostró errática, complicada desde la siembra, con atrasos de fechas por falta de agua en algunas zonas. Sin embargo, desde el análisis de un contratista referente, se está trabajando bien y es una campaña aceptable.

El ex presidente de la Cámara de Ensiladores, Patricio Aguirre Saravia, advirtió que “si bien aún no terminó la campaña, falta para definirla, así como venimos hasta ahora le pondría 8 puntos, no está nada mal”.

“Fue un año atípico que en provincia de Buenos aires lo marcó la seca de primavera que atrasó la siembra de maíces, mientras que, en Santa Fe, el proceso fue distinto, pero le pasó factura los calores de los primeros días de enero”, resumió Aguirre Saravia.

Para cuantificar el atraso en algunas zonas de Buenos Aires, en vez de empezar a picar el 20 de enero, como lo hacen habitualmente, pudieron empezar recién el 10 de febrero. “Los rindes a nivel país están siendo un 20% más bajos que la campaña pasada, que fue fenomenal, sin embargo, hay trabajo para todos, no podemos quejarnos”, opinó el contratista que explicó que “vamos a ver silos más energéticos con mucho grano y un tamaño de planta más recatado que el año pasado”.

Por otro lado, es un año en el que los ganaderos (sea de carne o de leche) que se quedaron cortos con la superficie que iba a ir a reservas echan mano a las hectáreas de maíz que iba a ir a grano para alcanzar las toneladas que necesitan. “El grano de maíz después lo pueden ir a buscar, lo que no pueden conseguir después es el silo”, resumió Aguirre Saravia. Y agregó: “Muchos clientes nuestros generalmente se manejan con un backup de 6-7 meses para adelante, y en una primavera tan seca como 2019, que encima venía de un invierno duro, esas reservas se las consumieron casi en su totalidad, ahora por suerte lo están reponiendo”.

La superficie picada en el país viene creciendo a razón de 10% por año los últimos años, siempre manteniendo un 53% de destino para producción de leche y el resto para carne. “Cuando empecé, hace 37 años, ¡el 99% era para tambos!”, recordó Aguirre Saravia para dimensionar cómo ha ido cambiando todo. Y agregó: “Nuestro trabajo se ha extendido hacia zonas mal llamadas marginales, porque son marginales para la agricultura quizás pero para los forrajes no, como el NOA o NEA, donde la ganadería de carne se está expandiendo muchísimo”.

Otros datos marcan que el 58% es silo de maíz, el 18% de sorgo y el 24% de verdeos y pasturas. El 18% tiene destino de silo aéreo y el 82% de las hectáreas va a silobolsa.

Menos renovación

“Las estadísticas de los últimos 2-3 años marcan que no se ha vendido mucho por la situación financiera en general, aunque los últimos meses se reactivó un poco, con líneas de las tarjetas rurales”, contó Aguirre Saravia.

“Esta falta de renovación o de mantenimiento se corre el riesgo de padecerla en mitad de la campaña, ninguna máquina se rompe en el galpón, y salir más caro que si hubieras hecho los trabajos en tiempo y forma”, lamentó el contratista. Como en todas las actividades, los ensiladores también hay recortado gastos y el mantenimiento de equipos (ni hablar de la renovación) es una de las vías de escape. “El que no se haya reequipado en las épocas de bonanza ahora está complicado”, resumió.

Para Aguirre Saravia, muchas veces los productores no crecen porque no tienen quien les haga el trabajo. “Si crece la superficie un 10%, son unas 200.000 hectáreas más para trabajar por año (Nota: en Argentina la superficie de silaje es de 2,1 millones de hectáreas), pensando que un equipo promedio, de los chicos del mercado puede hacer no más de 1500 hectáreas, y que al mercado entran nuevas 12-13 máquinas por año, te da como resumen que trabajo hay, el contratista que tiene las pilas puestas tiene más trabajo del que puede hacer”, esgrimió.

Tecnologías

“Hoy hay cosas que por suerte se valoran, como el uso del cracker, hasta hace 5 años el procesador de granos se cotizaba aparte, hoy se presupone que está incorporado, otra cosa, hasta hace 5 años el 25% de los silos no se tapaba, hoy creo ronda el 5% nada más, esa es otra evolución”, contó Aguirre Saravia.

En otro orden de cosas, el contratista forrajero también ponderó no sólo la calidad del silo que le dejan al cliente, sino también los datos. “Hoy como prestador de servicios te diferencia entregar un mapa, la telemetría, que el cliente tenga datos valiosos para tomar decisiones”, explicó Aguirre Saravia. Eso sí, un detalle: se valora, “pero no te lo pagan”.

Por este camino discurren los desafíos, “ser cada vez más profesionales, contar con los equipos adecuados, de punta porque la ventana de trabajo es corta y hay que ser muy ordenados para esta a tiempo en cada sitio”. Y a la hora de contratar, productor debe saber que “se está jugando su reserva forrajera del año siguiente, no puede errar”.

Clarín – Juan I. Martínez Dodda