Viernes, 14 Febrero 2020 02:30

La cerealera Vicentín prevé resolver su crisis en un plazo de 60 a 90 días

La cerealera Vicentín, en default por un total de US$1350 millones desde el 4 de diciembre pasado, espera solucionar y salir de su crisis en 60-90 días, lo que significa que en ese plazo aguarda haber cerrado todo el proceso que se abrió el lunes pasado con la convocatoria de acreedores y conseguido el entendimiento con productores y bancos, entre ellos el Banco Nación con quien está negociando plazos y tasas, pero sin quita, para el pago de una prefinanciación de exportaciones que ronda los US$300 millones. No obstante el plazo a 60-90 días para estar operativa, en los primeros días del mes próximo estará haciendo trabajos a fasón para otros operadores.

"Salir con trabajo", dicen en la compañía familiar donde hoy tienen presencia unos 100 accionistas. "Recuperar la confianza", agregan sobre los productores que les habían confiado mercadería y a quienes deben pagar US$350 millones. Para pagar a los productores piensan hacerlo con la venta de un activo productivo cuyo bien por el momento no quieren revelar. Con ello no solo piensan saldar la cuenta, sino también generar el capital de trabajo necesario. Para cuando operen, y teniendo en cuenta la necesidad de recuperar la confianza de los productores que entregan mercadería, están pensando en algún esquema con el cual los productores vean el compromiso inmediato de pago.

Vale recordar que con los acreedores comerciales hay una propuesta en proceso cuyas condiciones ofrecidas son la dolarización de la deuda al 4 de diciembre pasado aún aquella pesificada y no pagada. Se ofreció un pago del 20% del crédito a los 10 días de la homologación judicial con un mínimo de US$30.000 por CUIT o el monto total del crédito si fuera menor.

"Del total de 1863 acreedores se cancelarían 1100 y 368 recibirían un pago igual o mayor al 50%", señalan.

En tanto, está contemplado el pago del saldo al cabo del octavo año, pero ese plazo se podrá acelerar mediante un cobro de hasta el 16,67% de la deuda en forma anual a condición de que el acreedor entregue materia prima suficiente.

Si bien la empresa aguarda estar otra vez operativa con todo resuelto en 60-90 días, ya en los primeros días del mes próximo hará trabajos a fasón para otros actores del negocio. Hoy la firma, el primer exportador de aceites y harinas y el sexto jugador en el negocio total, posee una capacidad de molienda propia de 20.500 toneladas más otras 10.000 toneladas por una participación en Renova, que comparte con el grupo Glencore. Allí se quedó con un 33,33% luego de haberse desprendido de un 16,67%.

Por el lado de los bancos, debe hoy US$290 millones al Banco Nación no por un crédito sacado para una inversión sino por una línea de prefinanciación de exportaciones, algo habitual que toman los exportadores para sus negocios con el exterior. Las prefinanciaciones de este banco a la empresa han ido creciendo en reciprocidad con el nivel de ventas de la empresa. De hecho, pasó de los US$150 millones en 2015 cuando la firma tenía ventas por US$3000 millones a los últimos US$300 millones con ventas por US$4255 millones.

Un dato no menor sobre esa prefinanciación es que con un dólar a $20 representaba en pesos $6000 millones. Ahora con el dólar oficial arriba de $60 eso significan $18.000 millones, unos 12.000 millones extra.

Para el pago, según trascendió, están negociando plazos, tasas, pero no quitas. En tanto, también se buscará saldar otros US$35 millones entre el Provincia, el Ciudad y el Bice. Además, se negociarán con bancos internacionales por US$650 millones. Dicho de otro modo, del pasivo total, unos US$1000 millones son financieros y US$300 millones comerciales.

El BNA es históricamente para Vicentín no solo el primer banco por nivel de línea, sino porque allí liquida del 60 al 70% de sus divisas. El año pasado liquidó allí US$1818,6 millones, el 68% del total. La línea del BNA representa en promedio un 4% de su facturación anual mientras, dicen en la firma, los dólares prestados a Vicentín pasan entre 5 y 6 veces por la entidad.

Cuando entró en default, la firma lo atribuyó a una situación de "estrés financiero". Influyó en eso no solo la necesidad de pagar un aluvión de ventas de los productores que entregaban mercadería ante un temor a la suba de las retenciones, sino también fuertes inversiones en los últimos diez años, por US$900 millones, que quedaron afectadas por las sucesivas crisis.

En la firma se muestran orgullosos con el personal, que hoy totaliza 2200 puestos de trabajo. Pese a la crisis, dicen, no dejaron de pagar los sueldos. En este contexto, también para reactivar las plantas industriales apuntan al trabajo a fasón para otros operadores de la actividad.

La Nación - Fernando Bertello