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JUL 2018
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La bioeconomía es una masa: azúcar, papel, etanol, gas, frutas y aceites...

Primero fue el azúcar, después el papel, más tarde surgió la posibilidad de generar un combustible alternativo a la nafta petrolera, el bioetanol, algo que recién en la última década se está pudiendo aprovechar bien. Mientras tanto, más cerca en el tiempo, casi de casualidad, haciéndose cargo de lo que había, empezaron a cultivar frutas, primero para consumo en fresco y ahora también como insumo de aceites esenciales, que tienen un futuro enorme a nivel global tanto para saborizar como para elaborar fragancias. En medio del proceso, cada vez se hizo más necesario producir con mayor sustentatibilidad, lo que implica no sólo respetar el ambiente, con su flora y su fauna rica y diversa, sino también reciclar lo que durante mucho tiempo se consideró residuo... y hoy es eje de la ecuación económica de la empresa.

La bioeconomía es una masa: azúcar, papel, etanol, gas, frutas y aceites...

La evolución de Ledesma, en Jujuy, es una historia de adaptación a la geografía y a las demandas de energía y del consumo masivo. En constante innovación y cada vez más sustentable con el ambiente.

Primero fue el azúcar, después el papel, más tarde surgió la posibilidad de generar un combustible alternativo a la nafta petrolera, el bioetanol, algo que recién en la última década se está pudiendo aprovechar bien.

Mientras tanto, más cerca en el tiempo, casi de casualidad, haciéndose cargo de lo que había, empezaron a cultivar frutas, primero para consumo en fresco y ahora también como insumo de aceites esenciales, que tienen un futuro enorme a nivel global tanto para saborizar como para elaborar fragancias.

En medio del proceso, cada vez se hizo más necesario producir con mayor sustentatibilidad, lo que implica no sólo respetar el ambiente, con su flora y su fauna rica y diversa, sino también reciclar lo que durante mucho tiempo se consideró residuo... y hoy es eje de la ecuación económica de la empresa.

En ese sentido, no sólo hay que considerar al bioetanol, sino la biomasa que proviene de la malhoja de la caña de azúcar. Este es uno de los últimos grandes logros, y muy simbólico, porque en tiempos de escasez de energía, y precios altos, el gas que se obtiene a partir de los megafardos armados en el campo y luego procesados, permitió que la fabricación de papel siguiera siendo viable.

De ahí el título de esta nota. Por eso decimos que la bioeconomía es una masa, en un juego de palabras que con léxico juvenil explica la potencia de la agroindustria, tanto en términos de productividad, como de desarrollo con impacto social y sustentablidad medioambiental.

El caso que ejemplifica, como pocos en la Argentina, este paradigma cada vez más auspicioso, es el de la empresa Ledesma, una agroindustria que nació hace 110 años para aprovechar el clima subtropical del noroeste argentino, y desde entonces ha sido un referente indiscutido de empleo, arraigo y desarrollo económico.

Alguno podrá decir que en una gran empresa todo es más fácil, pero al visitar las instalaciones, aquí, en el sudeste jujeño, sorprende el esfuerzo de mucha gente oportunamente coordinada, la organización “de Primer Mundo” y la articulación de roles, con turnos de trabajo que se relacionan y se suceden sin parar. Y la multiplicidad de actividades, todas interesantes y cada vez más sustentables -en todo sentido- que se desprende de la caña.

Puede resultar conocido comprar un paquete de azúcar en el supermercado, pero quizás no nos demos cuenta del todo cuando abrimos una resma de papel en la oficina, en la escuela o en el hogar. Y mucho menos sabido es que aquí se producen cítricos (naranjas,limones y pomelos) que llegan a las mesas argentinas y se exportan.

Algunos números

-Superficie e infraestructura: En más de 40.000 hectáreas de campos de caña de azúcar se produce la principal materia prima? de Ledesma. Más de 3.000 hectáreas de plantaciones de cítricos. 100.000 hectáreas de bosques protegidos en reserva. 1.500 km de canales de riego y 500 km de caminos internos.

-Azúcar: Ledesma es la principal productora de azúcar de la Argentina, con un 17% del total nacional. El 35% se destina a consumo masivo, un 40% a industrias y un 25% a exportación.

-Papel: Líder en el mercado nacional (40%), surgió como segunda actividad de Ledesma, hace más de 50 años. Actualmente elabora alrededor de 130 mil toneladas anuales de papel

-Bioetanol: la capacidad productiva de Ledesma es de 100.000 m3. Con una tonelada de caña cosechada se obtienen 70 litros de alcohol hidratado.

-Frutales: las más de 100 mil toneladas que se cosechan (68% de naranja, 17% de limón y 15% de pomelo) se aprovechan desde la cáscara (donde se concentran los aceites) hasta los jugos. Tienen 10 marcas de productos frescos de diferentes targets de calidad. Se embala un tercio del total, de lo cual un 75% se exporta. 

?-Desarrollo social: el 81% de los empleados se concentra en la provincia de Jujuy y se han impulsado planes de vivienda con financiación accesible para el arraigo de la población.

Evolución y cambio

Uno de los aspectos más interesantes es que nada de lo que hoy se ha desarrollado estaba dado de antemano. A partir de la naturaleza, se ve la mano y la mente humana para optimizar el trabajo y aprovecharlo. Cuando nació Ledesma abrió una fuente de empleo que terminó dando vida a este pueblo, y fomentó el arraigo en una zona donde no sobran las oportunidades laborales. Más allá de los empleos directos, fue una factor dinamizador de otras ramas de la economía.

Y más destacado aún es el hecho de que se ha innovado y se sigue innovando, no por amor al arte, sino por necesidad y afán de crecimiento.

“El bioetanol, por ejemplo, hoy es clave para la industria azucarera. Empezó siendo un subproducto, como destino de los excedentes de la producción de azúcar, incluso como alcohol para vender en el mercado interno, pero hoy se convirtió en la vía fundamental del negocio, el que regula la oferta”, asegura Eduardo Nougués, director de Asuntos Legales e Institucionales de Ledesma.

El ejecutivo asume que “el azúcar era un sector muy maduro. Pero somos conscientes de que el azúcar es injustamente atacado, asociado a la obesidad y otros problemas alimenticios, aunque en realidad es sólo un factor relativo entre muchos. Algo similar en cuanto a declive de ciertas demandas sucede con el consumo del papel, debido a la creciente digitalización, por eso apuntamos a rubros productivos más sustentables, como una posibilidad de seguir creciendo y reinvirtiendo”.

El bioetanol es el futuro de los destinos de la producción sucroalcoholera, en el marco de las buenas perspectivas que tienen las energías renovables en todo el mundo.

En las cuentas de Ledesma todavía es un negocio que va detrás del azúcar, e incluso del papel, pero según destaca Nougués “la producción azucarera hoy es imposible de considerar sin el bioetanol, son como hermanos siameses. Porque están muy vinculados y cuando sufre uno, el otro también queda afectado. Tanto el bioetanol como la energía que proviene de la biomasa nos despierta muchas expectativas y hay muchas inversiones en marcha”.

En ese sentido, vale destacar que para no depender del gas que cada vez se encarecía más, en los últimos años se asumió el desafío de transformar malhoja hasta entonces desechada. Eso no sólo es energía más limpia, sino también regularmente más barata: ahora un 7% menos. Además, es un aporte virtuoso para la zona, porque demanda mano de obra.

El trabajo con biomasa es impulsado, entre otras, por la unidad de Innovación, Energía y Medio Ambiente, una de las diversas áreas de esta organización, que dirige Humberto Solá. "Los restos vegetales que quedan en el campo tras la cosecha nos permitió reemplazar con energía renovable más de un 18% del gas utilizado, tras una inversión de más de 15 millones de dólares", describe Solá.

La unidad de frutales es otro ejemplo de desarrollo. En Ledesma arrancó con la venta de productos en fresco en los ‘70, cuando se compraron unas fincas que tenían este tipo de plantaciones. En los ‘80 creció con la instalación de una planta de jugos, y la creciente industrialización tuvo su punto culminante, por ahora, con la inauguración, en abril pasado, de la planta de aceites esenciales.

En este rubro, el horizonte de posibilidades sigue abierto. Aunque hoy el mayor volumen lo aportan las naranjas -Ledesma es el principal productor del país; el tercero en cítricos- ya están planeando "una reconversión para el crecimiento, que para 2035 elevará el protagonismo del limón al 40%”, anticipa Hernán González Navarro, gerente de Producción en la Dirección de Negocios, Frutas y Jugos, que también adelanta los proyectos sobre cáscara deshidratada, un secadero de cáscara y la producción de jugos clarificados, para terminar de armar una red de clientes que van desde las verdulerías a la industria alimenticia y de cosmética y fragancias.

Claramente, van por más. La vocación de futuro se refleja en el proyecto Génesis XXI. Después de un estudio de varios meses, Ledesma elaboró este plan de largo plazo que enumera 67 iniciativas hacia un crecimiento sustentable e identifica las inversiones necesarias para lograrlo.

Clarín – Mauricio Bártoli

 

La soja, una nueva aliada de la caña en las rotaciones

La oleaginosa corta el ciclo del cultivo clásico y sanitiza el suelo; en suma, la ecuación final agronómica es mejor.

La soja también se está haciendo lugar entre las diversas actividades de Ledesma. Y ofrece beneficios que van más allá de los rindes comerciales. Aquí se pondera especialmente el rol de sanitizador de los lotes de caña: la oleaginosa corta el ciclo de ciertas malezas y de la microflora del suelo. Además, comprobaron que, como también sucede en otras rotaciones, después de un ciclo sojero la caña de azúcar rinde más.

Si bien hace 8 años que se cultiva de manera regular, en las últimas tres campañas se ha implementado de manera sistemática y progresiva. El proceso ha crecido desde las primeras 20 hectáreas, en 2016, hasta las 450 que se implantaron en la última campaña, con rendimientos de entre 1.500 y 2.000 kg/ha. En la próxima, se duplicará la superficie: está planificado plantar 1.000 hectáreas en el próximo enero.

“La caña, que se corta todos los años pero se resiembra cada cinco, tiene dos épocas de plantación: una en diciembre y otra en invierno. Esta última modalidad tiene la ventaja de no perder ninguna temporada típica de producción cañera, pero tiene la contra de que no se puede hacer ningún tipo de barbecho para limpiar el lote de malezas de origen parecida a la caña, por ejemplo las gramíneas; con las de hoja ancha es más factible el control.

La segunda desventaja es que sin rotaciones de cultivos, la microflora del suelo que ataca a la caña se sigue reproduciendo. Algunos patógenos se van reproduciendo al tener la misma comida, si se siembra la misma especie. Pero al cambiar por una leguminosa se balancea ese impacto en el lote”, explica Fernando Del Pino, gerente de Operaciones de Azúcar y Alcohol.

Las plantaciones de caña en diciembre-enero ofrecen tres meses para hacer un barbecho químico, por ejemplo con glifosato, y reacondicionar el suelo para el cultivo. Sin embargo, la principal desventaja de eso es que se pierde prácticamente un ciclo, ya que no se puede cortar la caña el invierno siguiente y por ende se deben esperar 18 meses para el primer corte.

De esa “pérdida” se encarga la soja; la compensa con mejores rindes de la nueva caña, que en vez de 5 años suele aguantar bien uno más, por el desarrollo radicular superior de la caña y porque son campos que llegan muy limpios, con un balance edafológico muy bueno. O sea, una caña rotada con soja en verano, que tiene 12 meses de desarrollo, brinda rindes parecidos a una caña de 18 meses plantada sin la rotación con soja”.

En este esquema, la soja se planta entre el 15 de diciembre y el 15 de enero, se cosecha en la segunda quincena de mayo, y luego de eso se planta la caña, que ofrece rindes muy buenos; no sólo el primer año sino también en los últimos del lustro habitual. “Estos lotes están dando rindes como para dejar la misma caña un año más, lo cual es una importante ventaja agronómico-operativa”, resaltó Del Pino ante Clarín Rural.

La renta comercial de la soja, si bien no es desdeñable, no es aquí la principal aspiración todavía, porque al pensarse como complemento de la caña -lo que podría considerarse un cultivo de servicio- no se priorizan las recomendaciones de fechas y ciclos ideales de la oleaginosa, más allá de que la distancia de los puertos también condiciona la rentabilidad final de este grano.

Otra leguminosa que también plantaron, con el mismo objetivo, es el poroto Mungo, que tiene un ciclo más corto que la soja y permite implantar la caña de azúcar 15 días antes en invierno.

 

Clarín



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