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JUN 2018
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Con el sello cordobés, el garbanzo se abre al mundo

En los últimos años, los números en la producción agrícola como ganadera se han achicado. Hoy, el productor no sólo debe pensar en producir de manera eficiente, sino que tiene que ir más allá y darle una vuelta de tuerca a la comercialización de su producción para poder capturar la mayor rentabilidad posible. El clima, hay que agregar, viene jugando en contra a los productores. Esta impronta es lo que caracteriza a la Maluca S.A, una firma que apuesta a la diversificación de las producciones agrícolas con dos particularidades muy marcadas: intensificando las rotaciones con tecnología. Y ahora, suman otra pata fundamental, apuntando a comercializar su propia producción. En este caso, la de garbanzo baja la marca “Maluca Food”.

Con el sello cordobés, el garbanzo se abre al mundo

La Maluca es una firma oriunda de Córdoba que, en busca de agregar valor, comenzará a exportar esta legumbre bajo su propia marca "Maluca Food". 

En los últimos años, los números en la producción agrícola como ganadera se han achicado. Hoy, el productor no sólo debe pensar en producir de manera eficiente, sino que tiene que ir más allá y darle una vuelta de tuerca a la comercialización de su producción para poder capturar la mayor rentabilidad posible. El clima, hay que agregar, viene jugando en contra a los productores.

Esta impronta es lo que caracteriza a la Maluca S.A, una firma que apuesta a la diversificación de las producciones agrícolas con dos particularidades muy marcadas: intensificando las rotaciones con tecnología. Y ahora, suman otra pata fundamental, apuntando a comercializar su propia producción. En este caso, la de garbanzo baja la marca “Maluca Food”.

La Maluca es una empresa familiar que trabaja en Córdoba y explota más de 1.000 hectáreas alquiladas en Colonia Caroya (en conjunto con otra empresa que comparten gastos). En invierno producen garbanzo y trigo candeal y en verano, soja y maíz. A su vez, arriendan otro campo en Serrezuela, localizada en la misma provincia cordobesa, para producir ganadería, precisamente cría y recría.

Una de las claves para el manejo de la empresa es la intensificación de las rotaciones con un planteo tecnológico de punta. “La diversificación de la empresa les permite evitar el riesgo de estar atado a una producción con los vaivenes que tiene la economía. Te da más estabilidad en el tiempo”, definió a Clarín Rural, Máximo Costamagna, gerente Comercial de La Maluca e hijo de Alberto, quien fue el fundador de la empresa en 1998.

La rotación más viable para su planteo es maíz/trigo/soja/garbanzo, luego el suelo descansa para retomar la siembra con un maíz de primera. “Se pueden controlar de mejor manera las malezas principalmente con el cultivo de trigo. Muchas veces el trigo no es excelente negocio en esta zona pero agronómicamente es muy bueno”, planteó.

Además, de esta manera, le permite que el campo produzca todo el año para obtener ingresos estables.

Para el manejo que lleva adelante la familia Costamagna, el riego y la fertilización son dos tecnologías clave.En el primero de los casos, según describe Máximo, en la zona hay mucha variabilidad de lluvias, por lo que esta tecnología aporta estabilidad a la producción. “Con doble cultivo, la inversión en los equipos de riego se pueden recuperar en 5 a 7 años”, sacó cuentas de la amortización de esta tecnología, una de las trabas para los productores cuando piensan en esta inversión.

Y ahora, van por más, buscando nuevas inversiones. Están estudiando el sistema de riego subterráneo lo que les dará más eficiencia en la utilización del agua y de la energía.

A su vez, nutren los suelos luego de los análisis correspondientes con nitrógeno, fósforo y azufre. Y en los últimos años agregaron los micronutrientes, principalmente el boro y zinc.

No obstante, las fichas de la empresa están puestas fundamentalmente en el garbanzo, un cultivo que comenzarán a exportar este año bajo su propia marca “Maluca Food”. “Es fundamental tener una visión empresarial para poder subsistir. Los números de soja, maíz y trigo están muy complicados. Hay que buscar alternativas que ayuden a agregar valor a la producción propia”, razonó.

Alberto, el papá de Máximo, comenzó a producir garbanzo hace 8 años y siempre buscó asesorarse y tener buena relación con los clientes (exportadores) para aprender a manejar el cultivo y aprender del mercado. Luego, cuando se incorporó Máximo a la empresa, tuvo la iniciativa de introducirse de lleno a la exportación para darle una vuelta más al negocio. “Quisimos hacer una integración hacia adelante”, expresó.

Para esto, participaron en dos de las ferias más importantes de alimentos a nivel mundial, como es Anuga, que se hace en Alemania, y Gulfood, en Dubai, que se desarrolló recientemente, para aceitar las relaciones a nivel mundial.

“La última producción de garbanzo la vendimos a exportadores. Si bien nos quedamos con mercadería que procesamos para venderla por calibre directamente, el trámite que nos habilitaba no llegó a tiempo y tuvimos que exportar con otra empresa a Croacia y a Turquía”, informó.

Máximo comentó que ya comenzaron con la siembra de la legumbre con el fin de ya poder enviar al exterior bajo su marca.

Por el momento, el procesamiento del garbanzo es a fasón ya que hay una gran cantidad de plantas procesadoras en la zona de Córdoba que aprovechan para que le den servicio de limpieza y división del cultivo de acuerdo a los calibres. “El mercado venía teniendo precios que no eran comunes alcanzando valores récord en los últimos años pero el pasado ciclo, por una buena producción de India (que es formador de precios) hizo que merme el valor de la legumbre”, especificó Máximo. El precio actual varía entre U$S 800 a U$S 1.100 por tonelada, según el calibre de la legumbre.

El objetivo de la empresa es poder extender la producción y la exportación bajo la marca a otras producciones, como es poroto, arveja y sobre todo, la lenteja, un cultivo que dejaron de producirlo en el último ciclo por problemas de manejo y de clima.

“Queremos diferenciarnos y distinguirnos del resto. Creemos que esta es la forma de hacerlo volcándonos a este tipo de producciones de legumbres para un nicho especial y no caer en la vorágine de la producciones clásicas que lo tienen los acopiadores o grandes empresas”, opinó.

Según destacó, haber vivido un año fuera del país vivió muchas experiencias que le hicieron “abrir la cabeza”. “El mercado es afuera. Argentina produce mucho más alimentos de lo que puede consumir. Y creo que por ese lado podemos buscarle agregar valor. En las ferias notamos que Argentina usualmente presenta productos primarios cuando el mundo demanda más comida elaborada. Vamos muy en línea de ser el supermercado del mundo”, insistió.

También, Máximo hace referencia a que la familia es miembro CREA Jesús María y CREA Ganaderos del Noroeste, lo que “nos da un apoyo y un aporte importante para el crecimiento de nuestra empresa”.

Por último, hizo mención a la actividad ganadera que también incursionaron. En un campo ubicado en la localidad cordobesa de Serrezuela, en 2004 comenzaron a producir cría y recría de la raza Brangus comercializando los animales a 230 kilos.

Clarín – Esteban Fuentes



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