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JUN 2018
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En La Tula, las vacas no sintieron la falta de pasto durante el verano

Hacer ganadería en el arco noroeste de la provincia no es fácil y si las lluvias no acompañan, las condiciones se pueden volver extremas. Ese fue el escenario que aconteció en el último verano, cuando las precipitaciones mostraron un déficit de entre 250 y 300 milímetros, sumado a que lo poco que llovió fue en forma tardía. Fue un bache imposible de cubrir, si se tiene en cuenta que 80 por ciento de la producción de forraje en la región se da entre la primavera y el verano. En su establecimiento La Tula, en el departamento Ischilín, Horacio Valdez ha logrado reducir los efectos que la variabilidad climática impone sobre su modelo de ciclo completo. Sin dejar de producir carne a pasto, pero con la ayuda del silaje de maíz, el productor logró sortear la última primavera y se prepara para enfrentar el próximo invierno.

En La Tula, las vacas no sintieron la falta de pasto durante el verano

En el departamento Ischilín, un modelo pastoril de ciclo completo tiene al silaje de maíz como elemento estratégico. El suministro, entre agosto y octubre, permite mantener la producción en años secos.

Hacer ganadería en el arco noroeste de la provincia no es fácil y si las lluvias no acompañan, las condiciones se pueden volver extremas. Ese fue el escenario que aconteció en el último verano, cuando las precipitaciones mostraron un déficit de entre 250 y 300 milímetros, sumado a que lo poco que llovió fue en forma tardía. Fue un bache imposible de cubrir, si se tiene en cuenta que 80 por ciento de la producción de forraje en la región se da entre la primavera y el verano.

En su establecimiento La Tula, en el departamento Ischilín, Horacio Valdez ha logrado reducir los efectos que la variabilidad climática impone sobre su modelo de ciclo completo. Sin dejar de producir carne a pasto, pero con la ayuda del silaje de maíz, el productor logró sortear la última primavera y se prepara para enfrentar el próximo invierno.

“El problema es que estamos entrando al invierno con un 50 por ciento menos de pasto, porque no se generó durante el verano. Ese déficit implica que para la primavera vamos a estar en serios problemas”, alertó ante Agrovoz el productor y docente universitario.

Valdez trasmitirá su experiencia en el manejo ganadero el próximo miércoles, durante la 3° Jornada Córdoba Ganadera, que tendrá lugar en el Centro de Convenciones del Dinosaurio Mall, en Córdoba.

Autoconsumo

La decisión de “intensificar” su modelo de producción había arrancado con la recría y terminación durante un proceso de invernada. Sin embargo, la necesidad de preservar el estado corporal de las vacas durante el final de la gestación lo llevó a Valdez a incorporar el silaje de maíz a esa categoría, que produce en el mismo establecimiento.

En veranos como el pasado, cuando la variabilidad climática interanual fue tan marcada, el suministro de silo a través de un sistema de autoconsumo entre agosto y octubre le permitió mantener la carga animal y el estado corporal de los vientres.

Sobre una superficie de 400 hectáreas, La Tula trabaja con una carga de 0,5 unidades ganaderas por hectárea.

La adopción de esta tecnología de proceso por parte de Valdez no es casualidad. Lleva medidos desde hace 40 años la producción de carne en su campo de pie de sierra. La primera aproximación que hizo para ver cómo se comportaba la variabilidad climática en la producción de carne fue comparar años buenos en precipitaciones, de 800 milímetros, con otros de menor aporte, 600 milímetros.

La evaluación incluyó un sistema de pastoreo en cuatro lotes de rotación. En años de 800 milímetros de lluvias, el pastoreo rotativo en esos lotes ciento por ciento de pasto natural reportó una producción de 16 kilos de ternero por hectárea. Mientras que en los años “secos”, de 600 milímetros, la producción cayó a nueve kilos, con una variación negativa del 43 por ciento entre años.

Como instancia superadora, Valdez decidió incluir en los cuatro lotes en rotación un 30 por ciento de pasturas implantadas. Allí, los resultados fueron de 41 kilos de ternero por hectárea en los años de 800 milímetros, y de 26 kilos en los de 600 milímetros. Sin embargo, la dispersión que imponía la variabilidad climática seguía siendo alta: 36 por ciento.

Más estabilidad

En la búsqueda de mayor eficiencia en el uso del pasto, el productor decidió cambiar el sistema rotativo de cuatro lotes por uno con 25 unidades en rotación, que albergara 70 por ciento de pasto natural y 30 por ciento de pasturas implantadas.

En ese esquema, con el aporte de 800 milímetros la producción trepó a 86 kilos de terneros, mientras que con 600 milímetros el resultado fue de 57 kilos. Una caída de 33 por ciento. “Más allá de la mejora, vuelve a caer de forma marcada la producción por la falta de pasto”, observó Valdez.

Con el objetivo de buscar un punto de estabilidad, puso en marcha sobre las 25 unidades rotativas un planteo con 70 por ciento de pasto natural, 23 por ciento de pasturas implantas y siete por ciento de silo. En años de 800 milímetros, la producción fue de 110 kilos de terneros por hectárea, mientras que con 600 milímetros, la producción cayó a 79 kilos. Pero la brecha se achicó al 28 por ciento.

“Apuntamos a una ganadería que difiere de la tradicional, que era de bajo costo y de resultados variables, por otra de costos variables y resultados más constantes”, sostuvo.

Bajo el sistema de autoconsumo de silaje de maíz en La Tula, una hectárea de silo de maíz –que aporta entre 9 y 12 toneladas de materia seca con una digestibilidad del 66 por ciento– permite alimentar a 10 vacas por un período de 100 días.

Costos y beneficios

Según los números de Valdez, el gasto directo del silo es de 108 mil pesos por cada 100 vacas, que consumen seis kilos diarios de la reserva durante 90 días a un valor de dos pesos por kilo de materia seca. “Es una inversión que se amortiza rápidamente”, aseguró. Por el uso de esta dieta, su porcentaje de destete creció del 75 al 85 por ciento, lo que significa 10 terneros más que, con un peso de 170 kilos y a un valor de 43 pesos por kilo, generan un ingreso de 73 mil pesos. Si se le suma la sobrevida de las vacas, con una tasa del cinco por ciento, significan cinco animales más que, con un peso de 440 kilos a un valor de 23 pesos el kilo vivo, aportan 50.600 pesos. “El silo deja a favor 15.700 mil pesos”, precisó el productor. Además del económico, Valdez destacó el beneficio ambiental del modelo, ya que permite preservar el recurso suelo y evitar el sobrepastoreo.

La Voz del Interior – Alejandro Rollán



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