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16
ABR 2018
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El área con garbanzo se quintuplicó en Córdoba

En tres semanas comenzará una nueva campaña de garbanzo en el centro norte de Córdoba, una región que concentra el 70% del área nacional de un cultivo que venía en fuerte crecimiento hasta la campaña pasada, en la que hubo problemas climáticos. Las 65.500 hectáreas que se implantaron en el 2017 quintuplican la superficie que ocupaba el cultivo a comienzos de esta década en los lotes de los departamentos cordobeses de Río Primero, Totoral, Colón y Tulumba, entre otros. Un estudio de la Fundación Mediterránea destaca el crecimiento de una cadena con un claro perfil exportador durante la última década.

El área con garbanzo se quintuplicó en Córdoba

En el 2010 se implantaron 13.000 hectáreas y el año pasado se superaron las 65.000 hectáreas, según la Bolsa cordobesa.  Las perspectivas para la nueva campaña.

En tres semanas comenzará una nueva campaña de garbanzo en el centro norte de Córdoba, una región que concentra el 70% del área nacional de un cultivo que venía en fuerte crecimiento hasta la campaña pasada, en la que hubo problemas climáticos.

Las 65.500 hectáreas que se implantaron en el 2017 quintuplican la superficie que ocupaba el cultivo a comienzos de esta década en los lotes de los departamentos cordobeses de Río Primero, Totoral, Colón y Tulumba, entre otros.

Un estudio de la Fundación Mediterránea destaca el crecimiento de una cadena con un claro perfil exportador durante la última década. “En el caso de las legumbres, se destaca la gran irrupción del garbanzo, un producto que era casi marginal hace diez años pero que ahora pasa a ser casi tan importante como los porotos, el otro protagonista fuerte del grupo”, indica el trabajo. Las exportaciones de garbanzo crecieron a un ritmo impresionante: al 43% anual, en promedio, según los investigadores de la fundación.

¿Qué puede pasar con la nueva campaña? La verdad que es una incógnita. “Va a depender de hasta qué punto las lluvias recarguen los perfiles en las próximas tres semanas”, le explicó a Clarín Rural el ingeniero Adrián Poletti, especialista en legumbres y referente de la consultora Incrementar.

Según los cálculos de este experto, se necesitan lluvias que acumulen unos 150 milímetros antes de fines de mayo, cuando se cierra la ventana de siembra, para que “valga la pena” la inversión necesaria para implantar el cultivo (unos 450 dólares por hectárea).

Si este escenario hídrico se concreta, la superficie sembrada podría ser similar a la campaña anterior, pero el régimen de lluvias suele ser inferior en el difícil ambiente del centro norte de Córdoba.

En la campaña pasada, que se trilló en diciembre, apenas se cosecharon algo más de 61.000 toneladas, contra 140.000 toneladas que se habían producido un año antes (la cosecha argentina de esta legumbre, que también se siembra en el NOA, suele acercarse a las 190.000 toneladas).

Según un informe de los técnicos de la Bolsa cordobesa, se perdieron más de 20.000 hectáreas por la falta de lluvias en el período crítico del cultivo -de floración al crecimiento de la semilla- y el impacto de una serie de heladas consecutivas. El rinde promedio fue de 13 quintales por hectárea, la mitad de lo que se había logrado en el 2016 (25 quintales por hectárea).

Para Poletti está claro que se trata de una situación coyuntural, vinculada al clima, porque hay un notable crecimiento del cultivo durante la última década. “El garbanzo se ha convertido en un factor de desarrollo económico y en uno de los grandes jugadores en esta región de Córdoba. En condiciones normales, hay cuatro lotes de garbanzo por uno de trigo”, aseguró el asesor.

El cultivo también se siembra en Salta, Tucumán y Santiago del Estero, entre otras zonas, y tiene un buen potencial de desarrollo en el sudoeste de Buenos Aires. “Pero para implantarlo allí hay que contar con variedades resistentes a la rabia, que todavía no están en el mercado. Se están investigando en la Universidad Nacional de Córdoba”, contó Poletti.

Casi toda la cosecha argentina de garbanzo se exporta -hay muy poco consumo en el mercado interno- con cotizaciones muy interesantes, que pueden superar los 1.000 dólares por tonelada de acuerdo a cómo evolucione un mercado que depende mucho de lo que suceda en la India, el principal productor global.

Clarín – Gastón Neffen



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