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SUPLEMENTOS RURALES
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SET 2017
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Una integración que se basa en tecnología y manejo eficiente

“Me considero un productor innovador porque me gusta ir probando cosas nuevas tanto tecnológicos como en manejo ganadero y agrícola. No me quedo con los brazos cruzados. Me voy desafiando todos los años”. Así, con estas palabras, se describe a sí mismo Ariel Larrarte, un productor de la localidad de Las Vertientes, en el suroeste de Córdoba ( a 35 kilómetros de Río Cuarto), quien nació, se crió, vivió y explota el campo de su familia. Sus abuelos llegaron en 1950 a esta zona de Córdoba. Luego, su padre continuó con el negocio y ahora le dejaron el legado de continuar con las riendas de esta empresa familiar. “Desde pequeño me incorporé al campo, pero la diferencia con mis padres fue que tenía estudios. Hice cursos pero me quedó la materia pendiente de hacer la carrera de ingeniero agrónomo”, indicó.

Una integración que se basa en tecnología y manejo eficiente

El productor cordobés Ariel Larrarte combina la agricultura y la ganadería para explotar a fondo cada actividad.

“Me considero un productor innovador porque me gusta ir probando cosas nuevas tanto tecnológicos como en manejo ganadero y agrícola. No me quedo con los brazos cruzados. Me voy desafiando todos los años”. Así, con estas palabras, se describe a sí mismo Ariel Larrarte, un productor de la localidad de Las Vertientes, en el suroeste de Córdoba ( a 35 kilómetros de Río Cuarto), quien nació, se crió, vivió y explota el campo de su familia.

Sus abuelos llegaron en 1950 a esta zona de Córdoba. Luego, su padre continuó con el negocio y ahora le dejaron el legado de continuar con las riendas de esta empresa familiar. “Desde pequeño me incorporé al campo, pero la diferencia con mis padres fue que tenía estudios. Hice cursos pero me quedó la materia pendiente de hacer la carrera de ingeniero agrónomo”, indicó.

El campo de los Larrarte es de 200 hectáreas y en paralelo arrienda otras 2.000 hectáreas. Las actividades principales que realiza la familia es la ganadería, con un feedlot con capacidad para 2.000 cabezas, y la agricultura, con una rotación clásica de soja, maíz y trigo (cuando las lluvias lo permiten). Y las labores de siembra, pulverización y cosecha son con maquinaria propia, para cerrar el círculo productivo. “Los operadores se capacitan para poder explotar el potencial de cada fierro”, aseguró.

Sin embargo, Larrarte no la tiene nada fácil. Según explicó, la región donde produce es una zona más marginal con climas que se comportan como la pampa húmeda, en algunos años, y en otros, como la zona de cuyo. “El mayor problema es la cantidad de lluvias. En promedio son 700 milímetros por año y se concentran desde octubre a marzo.Y son erráticas e irregulares”, argumentó.

En este sentido, uno de los grandes problemas son las tormentas con granizo, principalmente en noviembre y diciembre cuando comienza de lleno la campaña gruesa. Y explicó que hay empresas que ya no quieren asegurar más los campos porque es una zona que está al “rojo vivo”.

Con este contexto, Larrarte comenzó a describir el manejo agrícola. Los principales cultivos que siembra son maíz y soja y en algunos otoños húmedos introduce el trigo para mejorar la rotación y la cobertura de los suelos, como fue este año que pudo sembrar con el cereal de invierno dos campos.

Así, la secuencia de implantación cada año es trigo en invierno, luego maíz de primera en octubre, soja y luego maíz tardío/de segunda o soja de segunda. “Este año se produjeron lluvias atípicas y arrancamos a sembrar el maíz de primera en septiembre con un buen perfil de agua en el suelo. No es común en esta zona porque normalmente se implanta la gramínea en los primeros días de octubre”, reconoció.

Para Larrarte, el maíz es un cultivo estratégico porque lo transforma en proteína animal dándole valor agregado a su producción. Por eso, pone todas las fichas a esta cultivo aplicando toda la tecnología disponible en el mercado. “Los híbridos que utilizamos son de punta y cuando compramos las bolsas, agrego el refugio correspondiente para sembrar en cada cabecera de los lotes”, señaló.

A su vez, fertiliza a las gramíneas, tanto trigo como maíz, con fósforo y nitrógeno y refertiliza durante el desarrollo de los cultivos agregando nitrógeno líquido y en algunas circunstancias suma azufre, zinc y boro para ayudar al llenado de las espigas de los cultivos.

En aquella región, según contó Larrarte, las malezas difíciles son una de las principales dificultades para el manejo agrícola, como sucede en gran parte del país. El yuyo colorado es la “amenaza”, afirmó, porque hace tres años que invadió los campos de la zona de forma rápida y agresiva. Y el otro flagelo que molesta es el sorgo de Alepo, que hace tiempo que está instalado pero es más lento su dispersión. “Estoy usando herbicidas pre emergentes y usamos la dosis justa debido a la tecnología de aplicación selectiva que incorporamos a las pulverizadoras”, sostuvo.

La otra pata del negocio de Larrarte es la ganadería. Tiene un engorde a corral para 2.000 cabezas y ahora lo está agrandando la capacidad para albergar a 3.000 animales.

“Hasta el 2008, el campo era más agrícola que ganadero. Y a partir de ahí, comencé a agrandarme más en ganadería y no tanto en la agricultura para poder hacer un manejo más eficiente de los cultivos y producir más con la misma superficie”, recordó.

El productor compra la hacienda en algunos remates zonales y por los que son trasmitidos en la televisión y además, busca hacienda de los vecinos con un peso que varía entre 150 y 200 kilos. Para luego comercializar a las hembras con un peso de 350 kilos y al novillo, con 400 kilos. En total, vende al año entre 2.000 y 2.500 animales, principalmente a las carnicerías de Río Cuarto.

La dieta para los bovinos se basa en picado de maíz, alfalfa burlanda (se lo compran a la empresa Bio4), maíz partido y un núcleo vitamínico. “Hay un mejor panorama para este sector en comparación de años atrás. Hoy estamos más holgados”, analizó Larrarte sobre la situación que atraviesa el feedlot.

“Pero hay que ver cuando se abran definitivamente las exportaciones de carne. Se le puede dar a los argentinos carne barata. Pero nos va a costar años normalizar todo lo que se destrozó en los últimos años”, siguió desglosando su pensamiento.

Ariel Larrarte es un productor, que como se define a sí mismo, un innovador que en base a un manejo correcto y uso de tecnología, hace una producción más eficiente.

La producción de soja, récord

El productor cordobés Ariel Larrarte también fue noticia esta campaña por el histórico rendimiento que logró en soja esta campaña. Obtuvo en promedio 6.200 kilos por hectárea con picos de 8.100 kilos por hectárea, un verdadero récord para la zona suroeste de la provincia donde trabaja.

La particularidad es que la zona es marginal, según describió el propio productor, y las lluvias son muy erráticas con promedios de 700 milímetros anuales. Entonces, ¿cuáles fueron las claves para alcanzar semejante producción?

“Un buen manejo de parte mía, las lluvias acompañaron durante el ciclo del desarrollo de la oleaginosa y se hizo sobre suelos con mayor aptitud agrícola”. Esta es la síntesis de Larrarte cuando esgrimió orgulloso sobre el récord. “Fue un combo que cerró todo”, agregó.

Desglosando cada uno de las variables, el chacarero destacó que el campo donde sembró lo había alquilado por primera vez y una de las principales características es que las napas de agua estaban ubicadas a un metro de la superficie del suelo. “Se sembró 14 plantas al metro con toda la tecnología que había en el mercado. Y se implantó 52 kilos por hectárea. Muchos productores siembran 72 kilos por hectáreas”, continuó relatando la gran hazaña.

En este sentido, subrayó que el poder germinativo fue parejo. “Grano que se sembró, grano que nacía”, graficó. Específicamente, este lote fue para la producción de semillas para la compañía Syngenta que le proveyó de toda la tecnología.

Para comparar con su propia producción de este año Larrarte mencionó que en otro lote que sembró soja obtuvo 4.200 kilos por hectárea.

Clarín – Esteban Fuentes



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