Sábado, 07 Septiembre 2019 00:50

CADENA DE LA SOJA: DESAFIOS INTERNOS Y EXTERNOS QUE PUEDEN MARCAR EL RUMBO

La cadena de la soja está, indefectiblemente, ante un momento con desafíos, internos y externos que pueden marcar el rumbo futuro para una actividad que genera divisas por unos US$18.000 millones por año. La pérdida de proteína, las tendencias globales por la producción sustentable, el trasfondo de la guerra comercial EE.UU.-China y hasta el impacto de la eliminación del diferencial de retenciones del 3% que existía entre el grano y los subproductos configuran algunos de los temas que están en la agenda de la cadena. De todo esto, entre otros tópicos, giró Mercosoja 2019, el congreso que organizaron la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja) y la Federación de Acopiadores de Granos, y que se realizó en esta ciudad.

Cadena de la soja: desafíos internos y externos que pueden marcar el rumbo

ROSARIO.- La cadena de la soja está, indefectiblemente, ante un momento con desafíos, internos y externos que pueden marcar el rumbo futuro para una actividad que genera divisas por unos US$18.000 millones por año. La pérdida de proteína, las tendencias globales por la producción sustentable, el trasfondo de la guerra comercial EE.UU.-China y hasta el impacto de la eliminación del diferencial de retenciones del 3% que existía entre el grano y los subproductos configuran algunos de los temas que están en la agenda de la cadena.

De todo esto, entre otros tópicos, giró Mercosoja 2019, el congreso que organizaron la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja) y la Federación de Acopiadores de Granos, y que se realizó en esta ciudad.

¿Qué pasa con la proteína? Los datos muestran una fuerte caída. De un 39,7% de proteína que tenía la soja en 2000/2001, se cayó a 34,6 por ciento en las últimas campañas. Solo en los últimos diez años hubo un retroceso de 2,5 puntos. Con la molienda se intenta mejorar el nivel, pero no alcanza. El problema se agravó. De hecho, hasta 2013 había una base para la comercialización de harinas del 47%, que se tuvo que bajar ya al 46,5 por ciento. Los competidores directos del país están bien arriba: 48 por ciento en Brasil y Paraguay y 47,5 por ciento en los Estados Unidos.

"Está en riesgo la exportación de harina de soja, el principal producto del país (US$10.000 millones)", alertó en Mercosoja Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC). El ejecutivo ejemplificó que Vietnam, el mayor comprador en Asia con casi cinco millones de toneladas, viene alertando por la calidad del producto que le llega.

En las charlas, los expertos pusieron la lupa tanto en aspectos como en las variedades, el ambiente, el manejo hasta la nutrición que se aplica. Puntualmente sobre esto último, la fertilización, Gustavo Martini, de Aacrea, mostró, con datos de IFA-IPNI, cómo la Argentina está debajo de sus competidores.

Más allá de la diferencia de suelos que se presentan, en pentóxido de fósforo (unificando los diferentes fosforados), la Argentina está en 10,4 kilos por hectárea, por debajo de los 20,7 kilos/ha de los Estados Unidos y bien lejos de los 81,1 kilos por hectárea de Brasil.

Martini detalló que, con menores costos por el lado de la semilla y el bajo uso de fertilizantes, la soja argentina es, comparando las mejores tierras en los distintos países (zona núcleo en la Argentina), más competitiva que en Brasil (Mato Grosso) o en Estados Unidos (el cinturón sojero-maicero).

Así, mientras para la Argentina el análisis da un margen bruto sobre los costos totales del 23%, es del 18% en Brasil y 13% en EE.UU. Pero Martini dejó el mensaje de que esos elementos que representan un menor costo puede ser un factor negativo a mediano plazo.

"Tenemos una preocupación porque en los últimos años el nivel de proteína de nuestra soja fue cayendo y gran parte del valor de la soja pasa por su nivel proteico. Lo que más le vendemos al mundo es harina, por lo tanto tenemos que ver cómo revertir o al menos estabilizar esta situación para no caer a niveles tan bajos que nos quite competitividad. En esta línea estamos debatiendo cómo lograrlo", expresó Luis Zubizarreta, presidente de Acsoja.

Para Zubizarreta, "uno de los problemas surge por los mayores rendimientos". Al respecto, agregó: "Hay más proteína por hectárea, pero eso nos lleva a producir una harina que tiene un nivel proteico que no satisface tanto a nuestros clientes".

Según el presidente de Acsoja, el riesgo es que algún mercado "vire" su demanda hacia otros productores que puedan garantizar un mayor nivel.

"Es importante que todos los miembros de la cadena nos involucremos porque, en definitiva, va a tener una repercusión en los precios", afirmó el presidente de la cadena de la soja.

Entre otros conceptos, el fitomejorador Rodolfo Rossi señaló que así como hay aspectos de la variedad, el alto rendimiento y la nutrición ("eso es clave", remarcó) que puedan influir, también hay información disponible hoy, por ejemplo, en la Recso (Red de Evaluación de Cultivares de Soja), donde aparecen variedades destacadas tanto por proteína como por el nivel de aceite.

"Se necesita un replanteo tecnológico de la producción de soja para que haya una relación virtuosa entre rinde y proteína", apuntó Idígoras en su charla.

Verónica Vicco, gerenta regional de Calidad de LDC (Louis Dreyfus), destacó algunos de los problemas que se generan con la baja de la proteína, como pérdidas adicionales por descuentos comerciales o riesgos de rechazos, pérdidas de rendimientos industriales por mayor secado y descascarado, lo que genera mayor consumo de energía, disminución de hasta un 20% en la molienda para lograr mayor secado, entre otros inconvenientes importantes.

Otro de los temas sobre los cuales se hizo foco tienen que ver con la sustentabilidad. ¿Qué va a pasar en esta materia?

Para Nicolás Mayer Wolf, de la plataforma Agree Market, es difícil pensar en una trazabilidad completa desde el productor hasta la última parte de la cadena, como el cerdo que se alimenta en China luego de la transformación del producto. Desde que sale del campo, la soja se puede mezclar con otras en acopio, por ejemplo, y se hace más difícil el seguimiento.

Pero sí es posible que continúen aumentando las demandas por una trazabilidad parcial. De hecho, ya hay traders que avisaron que no comprarán soja de zonas deforestadas y bancos que dicen que no financiarán a empresas que no sepan el origen de su mercadería. "La trazabilidad está siendo importante, pero en algunos eslabones", apuntó.

María Marta Rebizo, de Ciara-CEC, subrayó todo esto con un concepto clave. "Hay que atender los aspectos vinculados con la sustentabilidad, llegaron para quedarse", dijo.

Entre otros países, China por ahora no pide certificaciones, pero está trabajando en la huella de carbono.

Diferencial y China

ROSARIO.- La eliminación del diferencial del 3% que había entre el grano de soja y sus subproductos y la guerra comercial entre China y los Estados Unidos influyeron sobre una primarización de las exportaciones argentinas del complejo, según remarcan en el sector. Este fue otro de los temas que se tocó en el marco de Mercosoja, el evento organizado por la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja) y la Federación de Acopiadores de Granos. Contra una exportación de poroto que suele ubicarse entre 7 y 7,5 millones de toneladas (3,7 millones de toneladas el año pasado por efecto de la dura sequía que golpeó a la producción), este año ese volumen podría terminar siendo 12 millones de toneladas.

En este contexto, en una charla, Ramiro Costa, subdirector ejecutivo de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, analizó que en un escenario donde se retornara a los anteriores derechos (es decir, volviendo al diferencial) y además hubiera acuerdo entre los Estados Unidos y China, en ese caso la Argentina podría aumentar su crushing.

¿En cuánto? La cifra que mencionó es de 5,24 millones de toneladas. Vale recordar que en la Argentina la molienda está cayendo por cuarto año consecutivo. Del nivel de 45 millones de toneladas en 2014/15 se retrocedió a 41 millones de toneladas, al margen del año de la última sequía.

Campo – La Nación – Fernando Bertello